Me equivoque, te equivocas, nos equivocamos…

Que nos equivocamos muchas veces al día no es un secreto de estado,  con una sonrisa o en otros casos una palmada e intentarlo de vuelta y ya quedamos como nuevos. Pero como en todos los aspectos hay grandes cosas y pequeñitas cosillas, también existes GRANDES EQUIVOCACIONES, que se presentan como una enfermedad con diversos síntomas que se combaten únicamente con altas dosis de optimismo y vacunas de voluntad.

Como dicta aquel proverbio ruso (aparte de vodka y malos autos, Rusia fabrica grandes pensadores aunque usted no lo crea):

Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!

Y me equivoque tan grande que me quede sin cara, y aprendí que el corazón es como un niño: siempre espera lo que desea. Equivocarme sobre mi carrera definitivamente fue lo peor que me paso en años y no se que tipo de reflejos tengo pero lo primero que hice fue alejarme de prácticamente todas las personas que tenia a mi alrededor, reflejos típicos de un autentico “cerebro apagado”.

“Siempre antes de realizar un sueño, el Alma del Mundo decide comprobar todo aquello que se aprendió durante el camino. Ella hace esto no porque sea mala, sino para que podamos, junto con nuestro sueño, conquistar también las lecciones que aprendimos mientras íbamos hacia él. Es el momento en que la mayor parte de las personas desiste. Es lo que llamamos, en lenguaje del desierto, “morir de sed cuando las palmeras ya aparecieron en el horizonte”.

Definitivamente “todo ocurre por algo”, todos estamos en nuestros respectivos lugares por alguna razón y es que ese de arriba tiene grandes planes para nosotros. Las equivocaciones de hoy serán aciertos mañana. Acuérdense y anótenlo.

Así como algún día todos seremos cenizas y parte de la tierra nuevamente.

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.