Amor contemporaneo a lo retro

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Tengo un incondicional amor hacia lo retro. A veces creo que el destino fue injusto conmigo por no haber hecho que nazca en los 70s u 80 porque envidio sin asco a la gente de esa época.

Ese sentimiento crece cuando se juntan y empieza a hablar de sus años dorados: de las alegrías que daba soplar los casetes del Atari, lo dulce que se volvían las esperas para que el transformador se enfriara, los dibujitos, la música y los sobre todo, aprovecho la ocasión para hacer publico mi amor hacia los pixeles.

Pero también admiro toda antigüedad con todos los sentidos. Viajar al campo y ver los instrumentos que siguen usando es simplemente inspirante. Por eso cuando hice el viaje de las vías de Personal ya no quise volver más: pueblos como Sapucai, San Salvador o Ybytumi me hacen desear como loco una vida de campo: respirar el verde de la tranquilidad, disfrutar el rocío a las mañanas y acostarse en una hamaca a mirar como el sol se va a dormir. Eso si es vida.

Igual creo que lo retro y lo contemporáneo no son tan antagonistas como pretendemos. La mezcla de ambas hace cosas más inspirantes todavía. Justo hoy me levante con la idea de lo que debe ser jugar Pacman en realidad virtual, al Contra en un simulador y otros juegos clásicos que los veo en mi cabeza pero no recuerdos los nombres.

Y después me encontré con este spot de Audi que dice un poco de lo que pretendo hablar

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.