Bienvenido Viernes

Los viernes se respira distinto porque hay un aire muy especial, capaz pesado pero para bien, porque llega cargado inminentemente de buenos momentos y sobre todo, de una gran oportunidad de escribir esa última oración, ese último verso que falta para hacer que nuestro cuento semanal tenga el final más feliz que se nos ocurra. Un “y fui feliz hasta el lunes” es como un “y fuero felices para siempre” con libertad condicional.

El proceso de gestación de los viernes es muy simple: llegan por inercia. Nacen con luz propia, precisamente en ese instante en que la ultima campanilla de la semana se desvanece en el aire para los escueleros, el momento exacto en el que los trabajadores le dan “Apagar Equipo” o en ese pequeño lapso en el que los estudiantes se suben al colectivo rumbo a donde el viernes los lleve después de la facultad. El viernes se viene con todo su encanto y magia que difícilmente puedan ser explicados, pero que bien vale la pena intentarlo, porque después de tanto amerita el intento ¿o no?

Lo lindo de un día como este es que es como un recreo, marca un antes pero sobre todo un después. Es un after, un amanecer por más que sea de noche, es un sol luego de tantas nubes de tormenta, es el día en el que toda la densidad de la semana se escapa hacia algún lugar y desaparece misteriosamente en el fondo de un mar que no tenemos. Es la fuerza que nos ayuda a guardarnos todo lo que nos complica en un cajoncito, para verlo de vuelta recién cuando queramos o debamos hacerlo.

Sentir un buen viernes es cerrar los ojos, taparse los oídos y ponerse a disfrutar del verdadero hit de la vida que se viene: un buen fin de semana. Un verdadero éxito con todas sus letras.

Si nos ponemos a pensar, si el viernes fuese un dedo sería el pulgar. Ese dedo que sirve para hacer “al pelo” a quien se aprecia o para indicar que todo esta bien y de lujo. Un viernes siempre llega cargado con la mejor onda y con la misión de mejorar una semana que pudo haber sido difícil o no pero que al fin se acaba.

Si bien es cierto que mucha gente trabaja los sábados, también corresponde admitir que no son ajenos a la mística, al espíritu y al aire que inspira respirar todos los viernes de la vida.

Es que, los viernes nunca caen solos, llegan cargado de amigos, de llamadas que no se esperan y de invitaciones impredecibles. Caen sin rumbo en los bolsillos, ni destino en la cabeza pero con una sola razón: pasarla lindo para que tengamos una sonrisa dibujada que nos dure toda la semana. Hasta que se venga otro.

Un gol de media cancha, la familia, cortar la dieta, una cerveza bien fría, ese abrazo bien fuerte, aquel beso tan rico, la tapa cuadril tocando la parrilla, los amigos más queridos, esa canción que te hace pegar el grito al cielo, que aparezca ella o él de sorpresa. Esa es la esencia de un viernes y los sentimientos que provoca.

Por eso y muchas cosas más, hoy más que nunca y como siempre: ¡Bienvenido bendito viernes!

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.

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