Vacas, Vacas ¡Vacaciones!

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Siempre vi a las vacaciones como una herramienta y nunca un capricho. Son tan justas como necesarias. Son esa cereza en la punta de un postre de esclavitud y malos pagos que hace que todo valga la pena, una de las pocas cosas que ajenas a que el trabajo te lo permita o no, tenés que hacerlas y no importa endeudarse para ello.

Es más, pienso que debería ser obligatorio. Todos necesitamos desconectarnos totalmente, alarga el pene la vida y te hace todavía mejor persona.

No calienta dónde, desconectarse es la consigna y no importa que tu destino sea Miami Beach o alguna playa pirata de Itá Enramada, lo importante es huir de la ciudad y tratar de evitar o en su defecto, disfrutar de aquellas perlitas del viaje que si bien siempre son mejor evitar, nunca pero nunca se ausentan (lógico, trabajan en vacaciones):

La demora. Desde la prehistoria (?) nunca un bus, avión, camioneta, carreta, bicicleta o ascensor ha salido a tiempo. Podés llegar antes de la hora estipulada, sobre la hora, o veinte minutos después. Tardan más que Axl Rose en Rock In Rio. No sabemos el motivo, capaz el chofer se queda a comer un lomito en Luque o pasa por alguna farmacia a comprar algo para su estreñimiento (por eso existen los paraderos: para que caguen), o pasa quien sabe qué, no existe respuesta para todo, si hubiera todos íbamos a tener Pulitzers y no funciona así el mundo.

La llamada. Esa que haces instantes antes de la partida a tu vieja, pareja, amigo o a tu bulldog afeminado para decirle: “Ya estoy arriba, en seguida salgo”. Siempre la hacés parado y tapando el pasillo, de otra forma el celular pué no funciona. Esta es una llamada “de reflejo”, todos saben que te vas. Venís avisando tu partida desde antes de la operación de cambio de sexo de tu perro. A la hora de cortar, nunca falta el mensaje recibido que dice “buen viaje XOXO”. Me ofende ¿Quién put* es Xoxo?

El descubrimiento de la Matrix. Al sentarte, lo primero que haces es tocar los botones de arriba del asiento, jamás en la vida funcionan y corresponde preguntarse ¿Para qué puta están? ¿Por qué no aparece Neo a armar kilombo? ¿Por qué no aparece un libro de Coelho? ¿Por qué? ¿Por qué la fruta engorda? ¿Por qué Peter Pan no crece? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por quéeeee?

Pregunta existencial: ¿Por qué lo que se llaman “Sofá – Cama” a los asientos? De sofá y cama no tienen nada. El marketing es una bazofia por mentirnos así. Se deberían llamar “Te vas a querer estirar a los quince minutos” en la versión común y “Te vas a querer estirar cada media hora” en la versión de lujo.

Los codos. No importa con quien te sientes: familia, amigo o un perfecto desconocido, la lucha por quien pone el codo en el medio va a ser infernal. Pero no hay que rendirse, esto es guerra y solamente uno sobrevive.

Las películas serán siempre más viejas que tu profesora del kínder. Si la película que muestran es una que viste en el cine, andá al museo más cercano. Sos una momia man.

El aire acondicionado. Nunca se ha visto un bus con la “temperatura ideal”, siempre hace demasiado frio, demasiado calor o ambos (?). Dicen que el único bus con la temperatura ideal fue secuestrado por la NASA para experimentos de interés mundial. Pero debe ser bola, nunca lo sabremos.

El momento de pánico. En la aduana o en el embarque, siempre te dan escalofríos y empezás a revisar tus bolsillos por si alguien ‘pa no te metió droga.

El desubicado. Desconozco si se trata de una regla no escrita o una cuestión de “cábala” pero si o si, a pesar de que exista un cartel enorme en el dice con letras parpadeantes y en color flúor “Solamente descargas liquidas”, siempre alguien se caga en el bus y nos caga el viaje. Igual, si la única parada es una chipería donde el combo es butifarra con chipa y gaseosa tampoco es tan extraño que suceda.

La explosión. Definitivamente no es un viaje si un champú, perfume, colino o lubricante (?) explota como si tu maleta fuera Hiroshima. Ocurre man.

No te preocupes de esa sensación de “me olvide algo”, si o si te olvidas algo y no hay nada que puedas hacer al respecto. Pasa en las mejores familias.

En fin, se está por terminar la hoja y tengo que desearles unas muy felices vacaciones a todos. A los que tienen la suerte de alejarse centenares de kilómetros de sus hogares y a los que no, escápense por lo menos un fin de semana, repito: es necesario.

Que arranquen el 2012 con más pilas que BlackBerry de quinceañera, y un poquito menos calientes que la misma quinceañera.

Saludo XOXO.*

*¿Quién puta lo que es XOXO?

*Esta fue mi columna de enero en La Factory.

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.