Cayendo bien en casa ajena

No importa que se trate de tu novia de hace años, de una pibita de turno que te querés empomar, algún amigo de toda la vida, el compañerito al que le hablás solo para pedirle sus apuntes o un familiar cercano: caer bien en casa ajena siempre está bueno.

Es necesario y habla muy bien de vos. No es agradable estar en un lugar donde te detestan y encima públicamente, si lo van a hacer por lo menos que se tomen la molestia de hacerlo en privado.

Aparte, cuando la gente te quiere siempre se acuerda de vos. Si hay asado te invitan, para ver algún partido en el plasma te invitan, si hay cumpleaños te invitan y como sos “de la familia” llega un punto en el que no hace falta ni llevar regalo. Es tu casa, tenés esa dosis justa de “invitado / familiar” que hace que recibas un trato parecido al que debe recibir un príncipe de alguna nación tercermundista donde la monarquía todavía está vigente.

Gozás de todos los beneficios y no sufrís las desventajas de ser parte de la familia. Entiéndase zapatillazos, bajadas de caña jefe, obligaciones y agresiones de los más grandes. Sos lo más parecido que existe al “rey de la casa”.

Por esto y otras cosas, se me ocurrió armar un lista (tengo un problema con las listas, sepan disculpar) con algunos tips basados en experiencias propias, en artículos de importantes expertos especializados en el tema y alguna que otra teoría con la que pueden experimentar por el bien de las futuras generaciones.

Siguiendo estos tips lo más probable es que te ganes un cuadro con tu foto en una de las paredes en casa ajena y eso, estimado lector, en un mundo como el de hoy no es poca cosa:

Decir que la comida que te sirven es la más rica del mundo.

No importa si se trata de un aburrido, pálido e insípido pancho que tiene sabor a tristeza, siempre hay que decir que es “lo mejor que probaste en la vida”.

Es de público conocimiento tu nivel de chantasedad (la gente no es tan pelotuda) pero el hecho de tomarte la gran molestia de mentirles en la cara a toda una familia que no es la tuya, es apreciado y te suma una cantidad considerable de puntos.

Bonus agregar la pregunta – piropo al chef: “¿Cuál es tu secreto?”, claro, en el caso de los panchos  no da porque es agua hirviendo pero en otras ocasiones es perfectamente aplicable.

No tirarse pedos ni eructar.

Es bien sabido, o no, que eructar mirando a los ojos del anfitrión es una manera de agradecer por la comida en algunas culturas árabes. Así que antes de comer, recomiendo hacer check-in para recordar donde estás parado.

Lo de los pedos es obvio, aparte siempre está presente el riesgo de que se venga con sorpresita. Perdón, esto último fue desagradable pero ocurre. No se me hagan los inocentes.

Jamás cagar en baño ajeno.

Es responsabilidad de cada uno educar su cuerpo pero hay que tener siempre presente: “Uno no caga donde come” y es precisamente a eso que vamos a casa ajena, a comer.

Que ni se te pase por la cabeza entrar al baño para lo número dos porque algunas veces las desgracias están a la vuelta de la esquina y otras, alojadas en cisternas desconocidas.

Poca presión, carencia de agua o caños delgados. Cualquier cosa puede ocurrir. Entonces, si no querés correr el riesgo de pasar la pelada de tu vida y que te odien perpetuamente por hacer que la casa huela a las cloacas de Narnia por una semana, aléjate bien nomás del sanitario.

Todavía nadie murió por aguantarse más de la cuenta y en casos de extrema emergencia siempre hay una estación de servicio cerca. O algún cajero automático. Nunca está de más cagarle al banco. Ponele.

Jugar con los bebés aunque sean más feos que el hambre de Vietnam.

Convengamos de una vez por todas que no todos los bebés son lindos. Podrán ser inocentes, indefensos y hasta tiernos pero algunos son más feos que los piropos guarangos de los limpiavidrios. Díganme insensible, cruel y todo lo que quieran, aunque yo prefiero honesto. No todos los babys son lindos, algunos hacen que los “gremlins” sean cositas hermosas.

Igual, conviene dejar la superficialidad de lado a la hora de alzar al bebé del hogar para tratarlo como si fuese el Mesías. Tampoco tomarse demasiada confianza y cambiar pañales, digo, por tu bien nomás. Pero si sos ese tipo de gente (?) sumás como todo un campeón.

Alzar a los perritos como si fuesen bebés.

No llegar al punto de amamantarlos, pero si se puede envolverlos con una toalla y cantarles. Hacer la gran “Loco por Mary”. Hacés esto y te ganaste una nueva familia. Igual esto no es recomendable si la mascota es un pitbull, gran danés o algún salchicha con diarrea. Podés salir perdiendo.

Advertencia: Hay casos en los que se confundió al bebé con la mascota, tener cuidado.

Escuchar a los viejos como si estos fuesen personas fascinantes.

Aunque la historia sea más aburrida que no tener cable en semana santa o algo tan pelotudo como “la vez que se me escapó la tortuga” a los papás adoptivos hay que escucharlos con atención. Todo lo que estos digan debe parecer lo más sorprendente, interesante y copado del mundo.

Unos “guauuu” exagerados y con los ojos bien abiertos nunca están de más. Hacer mil preguntas al respecto tampoco y el tan querido “me contás de la vez que…” es como para que consideren ofrecerte el apellido. A la gente grande se los llega por ahí, por su pasado.

Así que ya saben queriditos cortamambos, tengan presente esta columna al momento de ingresar a una nueva familia y acuérdense de mi cada vez que haya un asado porque les llegará el momento en el que también podrán tener un invitado.

Aunque llegar a este nivel es de verdaderos expertos del arte, yo les tengo fe. Si leen esta columna es porque algo bueno deben tener en sus almas. Salud.

2 Comments

Join the discussion and tell us your opinion.

jonas – juegos
mayo 18, 2012 at 07:05 PM

muy, muy bueno en serio . .

ARSA
mayo 19, 2012 at 12:05 PM

Jugar con los bebés aunque sean más feos que el hambre de Vietnam! esta es la prueba mas difícil imagínate detesto a los bebes es ahí donde me vienen a la cabeza los actos mas hipócritas fingir con:AMO A LOS BEBES! bola es no me simpatiza

Leave a reply