El metro-bola

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Dejemos de un lado, por algunos instantes, ese sentimiento “anti estado” que tenemos instalado.

Si bien está bien echarles la culpa de todos o casi todos nuestros males a estos impresentables que hacen de “representantes del pueblo”, escondidos bajos sus listas sabanas y escapándose como cucarachas para no dar la cara por su pésimo actuar. Olvidémonos de ese resentimiento.

Si. Todos queremos escupirlos en la cara, todos queremos que pasen las penurias que vivimos y de hecho, el día que se den el gusto de hacerlo, recién ese va a ser el día en el que algo podría empezar a cambiar.

Funciona así: Uno tiene que estar del otro lado para comprender, no hay otra. No esperemos compresión, no esperemos empatía. No la vamos a tener, hay que dejar de esperar.

Pero punto aparte con esto.

¿De verdad creemos que el metro bus va a ser la solución de nuestros grandes problemas viales?

Pensemos en frio y saquemos de la cabeza a los empresarios del transporte (muchos políticos, que son los que votan y dijeron no al metro bus). Saquémonos esas caras de mafiosos de nuestros sistemas por unos instantes…

Ubiquémonos por unos instantes sobre Eusebio Ayala en alguna hora pico, digamos las siete de la mañana. El que tenga la mala suerte de tener que atravesar esta Avenida a esas horas sabe a que me refiero. Los autos y motos se meten donde pueden, la distancia de “precaución” que debería ser de, por lo menos, alrededor de treinta centímetros no existe. Uno saca la mano por la ventana y le puede dar un akapete al acompañante del auto de a lado. Fácilmente se forman cinco o seis carriles en algunos puntos, cuando deberían ser tres.

Y aun así, con este tráfico infernal, hay filas de autos estacionados a ambos lados. Inclusive en doble fila.

Ahora retomemos al proyecto, el mismo incluye eliminar dos carriles en el centro para que estos sean exclusivos del metro bus. ¿Qué va a pasar? La respuesta más obvia es, va a ser un kilombo peor del que tenemos ahora. No existe calificativo suficiente para referirse a lo que va a ser.

¿O acaso pensamos que porque exista el metro bus los micros van a dejar de parar cada treinta metros entorpeciendo el transito? ¿O a dejar de descomponerse entorpeciendo el transito? ¿O que la gente por fin se va a dar cuenta que está mal estacionar sobre una Avenida? ¿O que ya nadie va a parar doble fila y prender su “pica pica” creyendo que esto justificada su falta?

Les doy una respuesta sincera: no, eso no va a suceder. No va a acontecer nada parecido, por el simple hecho de que no tenemos educación, la educación vial no existe.

Sacar una licencia de conducción, se trata más de saber esperar y tener paciencia que de manejar reglas obvias de conducción.

La gente tapa las bocacalles cuando se ve perfectamente que le da rojo, no es ni educación eso, es falta de sentido común. Tenemos semáforos en nuestra “autopista” que son dos carriles de un lado, dos del otro, tenemos semáforos y “lomos de burro” en rutas internacionales, tenemos más baches que señalizaciones, jamás hemos tenido un sistema de desagüe decente, para sacar una moto apenas te piden firmar un pagare y un cien mil en efectivo. Esta lista podría seguir, y seguir, y seguir… pero no es el objetivo.

Si están dispuestos a gastar tanta plata en un proyecto populista, que posiblemente va a generar más problemas que soluciones me pregunto ¿Por qué no hacer una campaña de educación vial decente y continúa? ¿Por qué no expropiar las empresas de transporte que funcionan mal? ¿Por qué no agarrar y solucionar otros problemas que son mucho más urgentes antes?

Empecemos por usar el sentido común nomás, está bueno hacerle la contra a un sistema que nunca nos dio ni destellos de funcionar correctamente pero en esta oportunidad, por más que la causa que los movió fuera equivocada, es para bien (por si haga falta aclarar: no apoyo el soborno, me parece bien la decisión de rechazar el proyecto).

El metro bus no es ni remotamente la solución a todos nuestros problemas. Es todo bola. Un metro bola.

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.