Maltrato voluntario

Alguna vez se me pasó por la cabeza estudiar psicología. Sinceramente me da mucha curiosidad comprender cómo funcionamos los seres humanos, somos una especie muy singular. Es por lo menos curioso.

Sabemos exactamente cuáles son las cosas que nos hacen mal, que nos incomodan y las que no podemos tolerar pero, sin embargo, siempre terminamos yendo hacia allí. Vamos directamente a ellas, esquivando cualquier tipo de obstáculo para, una vez más, sentir rabia hacia el mundo y hacia nosotros mismos.

Es real. Me pasa a mí, te pasa a vos y, estoy seguro, que le pasa a tu vieja, a tu jefe, a tu amor platónico y al chico zurdo, estudiante de filosofía: Nos automaltratamos.

Sin darnos cuenta, nos encanta hacerlo y lo hacemos seguido. “Sarna con gusto, no pica” dirían las viejas mientras toman el té. Tomar té es de viejas, pero no viene al caso.

Sufrimos porque nos gusta sufrir, nos enojamos porque nos encanta, peleamos como hobbie y agredimos porque la violencia está en nuestra sangre. En algún momento de la evolución las personas se automutilaban por placer, hoy lo siguen haciendo aunque de otras maneras.

Los tiempos cambiaron pero esas ganas de automaltratarse siguen intactas, así como la habilidad de tropezarse con la misma piedra un millón de veces, de autoboicotearse porqué el “está todo súper bien” implica que en cualquier momento se viene todo para abajo. Hay gente así, es más, todos somos un poco así en algún momento.

Inocentadas que hacemos para automaltratarnos voluntariamente:

Levantarse tarde y no saber si almorzar o merendar. Sufrimos alrededor de una hora pensando: ¿el plato frío de ñoquis con salsa boloñesa o la taza de café negro? ¿Por qué? Comé hermano, está todo allí. Dejá de quemarte la cabeza, es comida.

Tirar el hilito que sale de tu remera. Sabés exactamente en qué va a terminar y sin embargo te sorprende, y termina en un lamento auto ofensivo. ¿Qué más puede pasar al estirar un hilito? No va a aparecer un duende con una olla llena de oro.

Encontrarse con algún conocido en el súper, bus, calle, banco, Social Media Day (que estuvo muy bueno este año), saludarlo y despedirte al instante diciéndole “¿Siempre pio tenés tu mismo número? Te voy a escribir para hacer algo o jugar fútbol  Hablamos”. Mentira. Ni tenés su número, ni le vas a escribir. ¿Por qué nos engañamos? ¿Con qué necesidad engañamos a los demás?

Grabarte hablando y escuchar tu voz. A tus oídos tu voz será siempre una bosta, a nadie le gusta su voz. ¿O acaso alguna vez escuchaste decir a alguien “Lo que más me gusta de mí, es mi voz”? No, nunca pasó en la historia. Ni pasará.

Mirar la foto de tu cédula y ver todos tus defectos. Ni nadie sale bien en su cédula, ni todos ven lo que vos. Te mirás al espejo de toda la vida. Hay cosas que pueden cansarte y capaz para otra gente sea una cualidad. Sobre gustos hay mucho escrito, pero no nos gusta leer. Ni siquiera admitir.

Sentarse en la mesa que está al lado de la barra del boliche. Sabés bien que la gente va a pasar en medio ¿qué haces? ¿Por qué te ofendés si alguien te pisó la cartera? Si es que te sentás en medio de Aviadores y San Martín te va a pasar lo mismo. Querete, no te estreses y salí del camino. Si te vas a amargar por eso, te cagás la noche por voluntad propia.

Intentar cantar una canción que no conocés. No importa si la gente no se da cuenta, vos sabés que no sabés y te sentís como un gil, o al menos deberías. Disfrutá de la música, no hace falta cantarla. Dejá de frustrarte, dale tiempo y te la vas a saber toda.

Tener un millón de contraseñas, todas con mayúsculas, minúsculas y algún que otro carácter especial para todas tus cuentas en redes sociales. Pobre espécimen. ¿Sabés que los teclados cambian y cambian en los distintos dispositivos? Respetate, amate más.

Tocarse un grano. El resultado es alrededor de 1024,7 veces peor y, sin embargo, lo hacés. Querías estar más presentable esta noche pero te hiciste un hermano siamés con tus dedos. Un garrón. Por lo menos no te vas a quedar solo en casa, le tenes a “Pusito” con vos y van a ser de esos amigos que van al baño juntos. Brillante.

Gastarse el sueldo en la semana de haber cobrado. Salvo sea para comprarte una máquina del tiempo, la vas a pasar man. Sabés que si. Ya te pasó un montón de veces ¿por qué no aprendés?

Y así: Creer en el horóscopo. Chupar panza. Tomar cerveza caliente. Leer spoilers. Hablar con tu ex. Mirar tu estado de cuenta. No pagar tu tarjeta. Tener un iPhone 5 a tarjeta. Comprarse un auto chino. Comer asadito en la cancha. Hacer dieta. Plaguearse por la dieta.

Somos nomas luego seres curiosos ¿no? Basta del automaltrato, estresémonos menos y querámonos más. Si no nos queremos nosotros mismos ¿como esperar que alguien realmente nos quiera?

En fin: Dejemos pues de depender de factores externos para estar bien o pasarla bomba. Que todo nazca de adentro y sobre todo, de nosotros mismos. El que está predispuesto a estar bien, tarde o temprano lo logra.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.

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