Limites, excelencia y esfuerzo

Cuentan viejos filósofos entre los que rescato a mi profesor de Morfología de la universidad que no es tan viejo en realidad (le pongo 45 como máximo) que en la antigua Roma un anciano caminaba por la ciudad y sus alrededores, entonces ve a un hombre trabajando y le pregunta:

- ¿Que haces hombre? A lo que este responde: Estoy construyendo, apilando ladrillos, uno sobre otros.

El anciano sumergido más en la duda y percibiendo que esa era toda la respuesta siguió su camino, caminando con largos pasos como de costumbre y un poco mas adelante vio a otro hombre construyendo y le volvió a hablar:

- ¿Hermano que estas haciendo? El hombre dejo su trabajo para contestar: Hago una gran pared, que resistirá fuertes vientos.

A nuestro protagonista le pareció una muy buena respuesta, entonces prosiguió la marcha hasta que suavemente vio a un hombre haciendo exactamente lo mismo, cosa que ya le pareció alguna alucinación porque se bebió unas cuantas copas de vinos con los amigos, en algún boliche de la antigua roma, y como era de esperarse nuevamente pregunto curioso:

- ¿Qué estas haciendo hermano? A lo que el hombre respondió sin dejar de trabajar: Estoy construyendo un gran estadio que servirá para reunirnos todos los romanos como hermanos que somos, a compartir nuestras artes, problemas y a pasarla bien.

Muchas veces encaramos y vemos la realización de nuestro trabajo de forma que pretendemos que hacemos poco y nos limitamos a hacer únicamente lo que nos piden o lo que nos proponemos cuando con sinceras ganas podemos hacer muchos más. La excelencia no es un límite que no pueda superarse, los límites no existen: depende de nosotros moderarnos.

Los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general. -  Cesare Cantú

¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

treboloro.jpgUna historia china; admiro las historias chinas son mi debilidad, siempre tienen moralejas que te llegan tan profundo como si fuesen clavadas por una espada. Erase una vez un anciano que tenía un caballo para que lo ayude a labrar la tierra y poder cultivar su campo. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaban para darles las condolencias y lamentar su desgracia, el anciano les dijo: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Una semana después, el caballo volvio con una manada de caballos salvajes; tantos que aquella miserable finca paso a ser una de las que mas animales poseia. Entonces los vecinos felicitaron al anciano por su buena fortuna. Este respondio de identica forma: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Cuando el hijo del anciano intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompio la pierna. Todo el mundo consideró eso como una desgracia. No asi el anciano que se limito a decir una vez mas: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Una semana mas tarde, el ejercito entró al poblado y fueron reclutados todos los jovenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del anciano con la pierna rota, lo dejaron tranquilo ¿Habia sido buena suerte? ¿mala suerte? ¿Quien sabe?

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser el disfraz del bien , ya decia aquel viejo refran, tan viejo pero tan usado “Las apariencias engañan”. Y viceversa: Todo lo que parece bueno a primera vista puede terminar siendo algo dañino que puede dejar cicatricez para toda la vida.

Seriamos mas sabios si dejaramos de juzgar las cosas de buenas a primera y agradecieramos las cosas que se convierten en bien, aunque en principio no lo parezcan.

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