Ensayo aprendido

86

– Te fui infiel, terriblemente infiel – dijo Lolita. – Una y otra vez. Incluso perdí la cuenta -continuó sin siquiera levantar la mirada.

José parecía más atento a la ventana que a las duras palabras del amor de toda su vida. Pensó en levantar la mano y estrellarla con todas sus fuerzas contra esa boca que solía ser su perdición. Pero no, la educación que recibió no se lo permitía. Se resignó, se lamentó y se encerró a pensar.

– Pero da igual, porque no te importa. Ni siquiera estás enojado. ¿Sabés que ni tengo remordimientos? ¡Lo volvería a hacer! -gritaba entre llantos.

Las lágrimas le caían por la cara. Fruto de sus tristezas, frustraciones y de la gravedad, por supuesto. Continuar leyendo…

Corazoncitos de pollo

pollito

– Ya están los corazoncitos– dijo el gordo que no era gordo en realidad pero si pelón. Nunca comprendí porqué no le podíamos decir simplemente “Pelado”, es más, la calvicie era un tema delicado que no se podía tocar frente a él porque se ponía mal, incómodo y se apartaba de todos como si tuviéramos el ébola. Yo creo que exageraba con tanta sensibilidad. Hermano, tenés 19 y sos totalmente calvo, podés pensar que disimulás con esa gorra desteñida del Bayer Münich pero solamente lo hacés más obvio. Yo puedo ser bizco a veces pero ciego jamás. Sos un pelado y cuánto más pronto lo aceptes, menos mal la vas a pasar.

Apoyó el plato repleto de corazoncitos de pollo frente a mí. Humeaban y ese olorcito a asado me hacía salivar más de la cuenta pero en el fondo me dio náuseas. Es que, me resulta desagradable hasta cuando lo nombran. “Corazoncitos”. No se hubiesen tomado ni siquiera la molestia de darle un diminutivo. No dejan de ser chura. Tripas. Menudencias. Continuar leyendo…

Círculos

622

Mientras hacíamos las maletas y llenábamos una caja de cartón en la que escribí “frágil” con una pésima caligrafía, Sofía dibujaba círculos en una hoja de papel arrodillada en el suelo. Desde donde estaba, juntando los últimos sollozos de esa habitación, se podía ver una cantidad importante de estos círculos que no dejaban de aparecer.

Distintos colores, clases y tamaños desfilaban bajo sus manos. Sofía ni se inmutó de mi creciente curiosidad que se hacía cada vez más obvia. Seguía. Sin cesar. Círculos y más círculos. No tenía planes, ni ganas de tomarse un respiro y mucho menos de detenerse.

Pensé que en algún momento, estos círculos, podían ser parte de algo más, unirse en algún punto y fusionarse en una pieza de arte, en una inocentada de niños digna de un lugar importante en el museo de la ciudad o, por lo menos, para erguirse orgulloso en el lugar más visible de la heladera. Pero no. Los círculos, semi círculos y formas ovaladas, seguían apareciendo a diestra y siniestra, sin pies, sin cabezas y sin ganas de dejar de hacerlo, a pesar de que casi no quedaba espacio.

Lejos de hacer una pregunta que satisfaga mi intriga, cerré esta última caja torpemente, siempre fui terrible en lo que a manualidades respecta.

Tomé las cosas que podía y emprendí un viaje más, de los tantos que ya había hecho ese día, para terminar de cargar el auto rebosado que prácticamente panzeaba, por todo el peso que no acostumbraba cargar. Salí de la habitación lo más despacio posible, no quería incomodar a Sofía. Eran sus círculos y ella. Ella y sus círculos. Continuar leyendo…

El perro Cangrejo

caniches-toy-machitos-mini-mini-4758-MLA3876249030_022013-F

Mamá se jubiló bastante joven. Tener cinco hijos le ayudó bastante, burocráticamente.

Nunca supimos el motivo de su apuro. Capaz sintió que la paciencia se empezaba a esfumar, o fue porque simplemente se acabó sin avisar.

Ella, como toda persona sobre la faz de la tierra, tenía sus días. La gran mayoría eran de amor y besos, y algunos, también numerosos, de persecución y zapatillazos. Supongo que entre todos los hermanos, éramos responsables directos del día que tocaba.

Me resulta curioso darme cuenta, alrededor de una decena de años después, que su paciencia no estaba ni cerca de acabarse. Simplemente la estaba guardando para alguien más, alguien tan especial que era capaz de iluminarle la vida con un balbuceo, de cambiarle la cara con una mirada o agitarle el pecho con solo estar cerca: su primer nieto.

No se puede competir con el primero, ya fue primero. Siempre va a ser el dueño de ese lugar especial por delante del resto. Siempre.

El otro día se dio una situación muy peculiar en casa, pero para explicarles tengo que hacerles sentar cómodamente en el contexto. Hago el intento. Continuar leyendo…

Anécdotas que acontecen: Chupete

P1060482

A veces la vida te sonríe y otras te toca trabajar sábado.

Lo que si, pese a la dura realidad siempre es mejor tomárselo con calma. Ya está. Te toca hacerlo. Mejor ponerse bien y que sea lo más llevadero posible. Es mejor que estar con una actitud de ‘me cagaron el finde’ porque, la verdad es que cagarse todo un fin de semana es exclusiva responsabilidad de uno. Si te toca, lo mejor que podés hacer es tomarlo bien. Así se trabaja mejor, se es mas productivo y por ende, se termina antes para volver a disfrutar del finde.

Bueno, me desvirtué un poquito, pido perdón y retomo esto.

El sábado que pasó nos tocó trabajar en la agencia, pero como nos pasamos tanto tiempo allí durante la semana decidimos salir a pegar una vuelta, a airear la cabeza y la existencia misma. Era justo, era necesario.

Por cosas de la vida, caminos que conducen y semáforos que preferimos esquivar, terminamos en la Avenida Costanera. Y que linda la Costanera cuando no está abarrotada de gente, y cuando te encontrás con el tiempo nublado y fresco. Qué lindo se respira, que agradable estar por allí.

Así, estábamos sentados trabajando y se nos acercó un niño de unos nueve o diez años. Gordito, petiso y petacón. Podría haber trabajado de doble de Manny en Modern Family tranquilamente. El chico muy tímidamente nos dio el siguiente speech:

– Hola gente, estoy vendiendo esta ultima porción de torta de miel, riquísima es, fresca. Casero, mi mamá hace. El tiempo esta especial para comer, así lo que da gusto ¿Verdad? No pasen hambre y compren, es la última ¡no se van a arrepentir! A 3.000 nomas les voy a hacer señores, dalena es el ultimo. Riquísimo es. Chupete está, legal les digo. Yo no les voy a mentir.

Nos miramos entre todos y dijimos: demasiaaaaado bien nos vendió. Compremos. Ya. Hay que tener esa torta.

Moneditas fueron buscadas, juntadas y realizamos la transacción. El prematuro vendedor se retiro con una sonrisa por haber cumplido su objetivo e irse a casa. Lo miramos con un poquito de envidia y cuando se alejó, desviamos la mirada en coro al producto, hasta que alguien se animó a tomarlo con las manos y hacer la correspondiente repartición. No entiendo hasta ahora como esa porción se pudo partir en seis, pero lo hizo y la disfrutamos en familia. Continuar leyendo…