Por un 2011 mejor para todos

Si diciembre fuese un día de la semana, sin duda sería viernes: lo extrañamos desde el momento en que se va, y es tan esperado que cuando llega de vuelta no sabemos ni cómo reaccionar; y por magia de la inercia ya estamos otra vez acá, a esta altura del año, sin saber todavía exactamente que hacer pero festejando y disfrutando de su llegad. Tal cual lo hacemos con todos los viernes cuando llegan.

Es que esta época del año tiene un brillo especial, se respira distinto y hasta podríamos decir que tiene su esencia, porque si no hubiesen existido los calendarios tendríamos claro que ya llegó diciembre por el mero hecho de que ya se huele la navidad. Es más, la misma se mete a tu nariz, te patea el pecho y ocasionalmente vacía tus bolsillos. Si, el olor a flor de coco marca el inicio de una época en el corazón y en el bolsillo que se manifiesta con alegría cuando recibís, con pena cuando das.

Igualmente, es la época en la que somos bombardeados de publicidades con nieve y gorditos abrigados que dicen venir del Polo Norte o Sur, mientras que a nosotros simplemente no nos importa de donde vengan y la única sensación que nos produce es una alarmante curiosidad: ¿Cómo los que no les da un ataque cardiaco? ¿Qué lo que hace un pingüino en la calle, con 45º a la sombra? ¿Qué onda esos osos polares de Coca? Creativos publicitarios, agencias, grandes marcas y gerentes ubiquensena geográficamente, no hacen más que hacernos sentir miserables con nuestra triste realidad. Sépanlo. Yo no te voy a comprar más porque me mostrás como en otro lado tiemblan de frió, mientras yo también tiemblo, pero de miedo para que ese gordo con camisilla del bondi no se me acerque.

Al fin, también es tiempo de escuchar la vuelta del verdadero hit universal, que a pesar del tiempo está más vigente que nunca: el casi glorioso “Navidad sin ti” de Los Bukys (aprendan Beatles!). Tampoco van a faltar en los boliches las mamás noelas ¿quién diría? hace un tiempo Papá Noel bajaba por la chimenea, hoy ellas bajan por el caño, pero todo bien si los arrieros quedan contentos.

Y también ¿cómo olvidarse? La invasión de turrones, pan dulce y sidra que te van a hartar, pero que aun así van a estar presente en tu mesa y dentro tuyo hasta quien sabe qué mes. Justo cuando terminábamos de acostumbrarnos a la falta de sobras del año pasado, nos las enzoquetan de vuelta y nosotros contentos. Definitivamente, tampoco va a faltar el boludote que tenés de amigo para decirte “oloooo no sabes lo que me pasó ayer, me re empede con sidra oloooo nderachore”, o la amiga que te comenta lo miserable que es no tener nadie a lado para pasar estas fiestas. Posiblemente te tire onda y todo, pero tenés que saber que es la nostalgia y la reacción al efecto de las luces parpadeantes mezcladas con la pólvora que queda en el aire, los frutos raros de algunos pan dulces y el alcohol del clericó. No te aproveches, corres el riesgo de que te traigan carbón y de repente (y no menos importante) también perder una amistad.

Pero bueno, al fin de cuentas y ajeno a todos los típicos clichés que se viven en esta época del año, corresponde decir también que diciembre es un mes de reflexión,  sirve para analizar lo que hicimos, no hicimos, lo que quisimos hacer los últimos 365 días pero no se dio y también lo que hicimos sin querer, que bien pudo valer la pena como no tanto. Al igual, renacen fruto de buena (o mala) memoria los recuerdos de los aciertos y errores cometidos que nos llevan a terminar el año de la manera en que lo hacemos. Cargos de conciencia, grandes alegrías y otras sensaciones que ni hace falta nombrarlas.

Basta, hagamos algo distinto.

Que este fin de año, en lugar de mirar para atrás y hacer el balance que pocas veces nos favorece, miremos pa’ adelante y planeemos un 2011 de puta madre, un año de objetivos cumplidos, nuevos destinos por recorrer, decisiones correctas y aunque el lado negro de la moneda esté siempre, procuremos encarar esos momentos de la mejor manera.

Así a estas alturas, el año que viene vamos a estar sonriendo, recordando el momento en el que decidimos tener un buen año y tal vez recordar remota y gratamente a este humilde blog que nos tiro la posta (¿?).

La verdad es bastante simple: uno tiene y vive el año de la forma que quiere. No existen grandes secretos y ojalá todo queramos lo mismo para este 2011, que parece ser el último antes del apocalipsis que profesaron los herejes mayas. Pero todo bien con ellos.

En fin, por unas muy felices fiestas y un 2011 cargado de los mejores besos, botellas y de esos ventarrones que nos hace sentir bien con nosotros mismos. Culmino con mi vaso bien arriba, nos vemos el año que viene y finalmente: ¡Salud!

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.

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