Turista en mi país

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Estos últimos meses pasó un montón.

Luego de un año cargado de satisfacciones personales y laborales, surgió una propuesta que no podía dejar pasar. Es más, no la dejé pasar.

Sin pensarlo demasiado, empaqué mis cosas para ir a aventurarme a México D.F. Una oportunidad así no aparece todos los días y cuando lo hace hay que abrazarla, aprovecharla, sacarle todo lo que se pueda y, sobre todo, disfrutarla mucho.

Si cambiarse de trabajo o de casa cuesta más de la cuenta, imagínense de país y de continente, a un lugar totalmente distinto al que estás acostumbrado y en dónde nadie te conoce. Dónde incluso te das cuenta que ni vos mismo te conocés tanto como pensabas. Continuar leyendo…

Mini historias de pre infancia

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Uno se hace ciego con los años. Y ojo que no estoy hablando de quedarse literalmente sin el sentido de la vista. Hablo de cosas que vemos, suceden, de reflexiones y reacciones que solíamos tener y que hoy son apenas un tibio recuerdo.

Uno cambia con el tiempo, y el tiempo nos termina cambiando. Hace unos días, leyendo un libro sobre cómo escribir, porque intento hacerlo más seguido y en más cantidad, planteaba un ejercicio que en esencia consistía en escribir microhistorias de uno. Como aplicado que soy, casi con todo menos con lo que debería, hice los deberes y salió algo así.

Lo que si, me reí durante el camino y disfruté a montones recordando, así que supongo que alguien le puede llegar a causar gracia. Al final, lo único que importante es reírse y si por lo menos le causo una sonrisa a alguien del otro lado, para mi es una columna éxito.

Así que, entre cosas que me acontecieron en mi primera infancia (tenía menos de diez), les puedo contar que:

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Cuando era más chiquito estaba convencido de que todas las personas en el mundo, con excepción de mí, eran robots. Supongo que pensaba que alguien o algo me estaba poniendo una prueba que tenía que superar para entrar al mundo de la gente real.

Un día me di cuenta que pasé la prueba y que nadie me avisó, o que todo era una gran mentira que inventé sin darme cuenta. Recuerdo estar jugando con algunos amiguitos del barrio a la “Triple Alianza” (curioso nombre para un juego de niños) y lanzar un pedazo de azulejo más grande que lo permitido (las guerras también tienen reglas) que impactó en Luchito, un vecino tan gordito y petacón que parecía un foco. En ese momento vi como la sangre salía de su frente con la fuerza del mismo río Paraná. Ahí me di cuenta que era gente de verdad como yo, fue una imagen muy impactante para mí.

No hace falta ni mencionar que nunca más dejaron que Luchito se acerque a mí, y así perdí el que fue posiblemente mi primer amiguito.

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Un domingo en familia estábamos por Piribebuy, antes solíamos cada fin de semana porque teníamos un ranchito (no da para decirle “casa”). Lo que sí, por alguna razón, papá lanzó hacia mi humanidad lo que parecía ser una fruta o algo parecido. Solamente recuerdo que era circular y de un color verdoso amarronado.

La cuestión es que, al instante la quise levantar para devolverle el favor, porque a esa edad somos todos muy vengativos (?) y cuando la toqué se movió, produciéndome uno de los sustos más grandes que experimenté en la vida. ¡Papá me tiró una rana!

Es de esas anécdotas que se cuentan en cada reunión familiar. No me pasó nada, fue el origen de un pequeño gran trauma hacia los reptiles, pero no me pasó nada. Continuar leyendo…

El primer rayo de sol, me llegó en una canasta

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La envidia es un extraño bicho de patas cortas, atrevido como el solo. Suele entra a tu casa sin preguntar y se instala, sin ningún tipo de advertencia o aviso previo. Es así. Hoy se instaló en la mía.

Mientras recibía lo que posiblemente sea la peor noticia del año, veía que twitteros posteaban fotos de sus canastas salidas de alguna película de Tim Burton porque desde mi perspectiva parecían mágicas. La envidia me picó fuertísimo y no tuve problemas en manifestarlo abiertamente.

Me parece que si las cosas están moviendo algo dentro, es porque tienen que salir, están rogando salir para fuera y no hay que mantenerlas dentro a la fuerza, hace mal. Nunca fui de guardarme nada y me creo incapaz de hacerlo algún día. Así funciono. Bueno, en fin, fue grande y grata la sorpresa de llegar a casa a encontrarme con la imagen que ilustra el post. Continuar leyendo…

Perdí mi celular

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El pasado fin de semana perdí mi celular en extrañas circunstancias que no vienen al caso y que sinceramente me cansé de contarlas. Lo único que voy a decir es que debe haber un taxista muy contento por algún lado pero… ¿Qué lo que es ese morbo de la gente de querer saber con lujos detalles tu desgracia? No pega, pero asumo que es la misma razón del dudoso éxito de algunos noticieros ¡Canal 9! cof… cof… En fin.

Todavía no me tomé la molestia de recuperar mi número porque ni ahí estoy y tampoco estoy preparado emocionalmente para otro celular (soy de los que se encariñan con las cosas). Pero hoy, una semana después tengo que admitir que existen cosas que jamás hubiese experimentado teniendo un teléfono a lado:

Tocar un timbre. Me resulta muy loco que el celular haya matado el timbre ¿no? y el rinrage haya sido reemplazado por Angry Birds. El inventor del timbre se estará revolcando en su tumba ¿tendrá timbre su tumba? No sé, sigamos…

Enfrenté al silencio incomodo. Como no tenía donde mirar cuando estaba en compañía de gente no tan cercana, bueno, tuve que hablar para no aburrirme  y ahora tengo confianza con más gente. No sé si será bueno o malo, pero me enteré que Paraguay es tan chico que nos conocemos todos, que estamos conectados todos y eso es una mierda. Hay que migrar para ashá (?)

Es muy agradable que las notificaciones de tanta red social no te persigan a donde vas. Está bueno disfrutar de los momentos y no buscar compartirlos “dos punto cero ondamente” (y no es egoísmo). Está bueno ser espontáneos, disfrutar el momento y que lo acontecido ocupe memoria en la cabeza y no en el celular. Tampoco es que me haya pasado gran cosa esta semana, pero tengo un sobrinito de 2 años que es una bomba de momentos.

Filosofar. En vez de perder el tiempo stalkeando sentado en el baño te podés hacer grandes cuestionamientos existenciales, teorías sobre física cuántica e historia universal. Empecé a escribir mis ideas y espero que este 2012 me traiga un Pulitzer o en su defecto otro iPhone más salud. El baño es cuna de pensadores.

Ahorrar tiempo. La gente que te contacta es porque realmente tiene algo que decirte, basta de huevadas tipo “¿que estas haciendo?”, “Pasame saldo”, “Que klor hace ami vrd que sale bien una piscina?”. Bueno, esas cosas dejan de existir sin celular.

Enfrente. También corresponde contarles la otra cara de la moneda: sin auriculares la vida es una cagada. La gente que te parecía estúpida te deja de parecer gente, se sufre todavía más calor y el tiempo no pasa nunca.

Bueno, entre otras cosas estas cosas. Los celulares hacen que ya ni nos miremos a la cara y es muy paradójico porque fue inventado para “estar comunicados siempre” y nos incomunica cada vez más ¿o no?

Todo re filosófico el post (?)

Crónicas de unas vacaciones medio obligadas “lento”

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Es curioso el nombre del título ¿no? Pero asiete ko hablamos.

Me resultó hasta paradójico salir de vacaciones sin tener una de esas cosas a la que la gente le llama “trabajo”. Bueno, la verdad tampoco es tan así. Hace un par de meses decidí dejar la agencia para volver a la vida freelancer, que si bien no es tan segura ni tiene tanto glamour como ser esclavo, es todavía más sabrosa.

Ser único amo y dueño de tu tiempo vale todos los sacrificios. Necesitaba de nuevo cambiar el orden de mis prioridades. De trabajo, familia y estudio pasar a: estudio, que era lo que me pedía la familia y bueno, el trabajo está ahí. Pasa que ahora soy mi jefe y tengo que admitir que la regla “el jefe siempre es una grandísimo hijo de puta” se sigue cumpliendo. No hay secretos. Hay días en los que pegaría apalearme con un termo y otros en los que me re chupo las medias como un recién nacido lo hace con los pezones de su madre.

En fin, como soy el grandísimo hijo de puta de mi jefe, me decidí mandarme de vacaciones. No fue muy complicada la decisión: Tocaba The Strokes, grupo que despierta en mi ese sentimiento pajero de fanatismo que en su momento despertó Attaque, 2 minutos y el resto de grupetes chobós de mis años de ñembo punker radical. A eso se le sumaban eventos que iban facilitando la decisión: gracias a la Male zafábamos de pagar un hostel y se iban millón y medio de conocidos. Había que ir. Boleto impreso, check in mediante PUM! ya estábamos abordando. Toda La Factory presente (revista en la que escribo hace un añito ya), estábamos en familia.

Escala en Carrasco, un aeropuerto más lindo que el Shopping del Sol y definitivamente con un olor todavía mejor. Había que entrar al baño. Me gustaba la idea de encontrarme con el Enano Teysera  de la Vela Puerca orinando para felicitarlo por “Piel y Hueso”. La conversación capaz iba a ser algo así:

– Boludo que de la gran puta “Piel y Hueso”, hay un par de temas que no pegan ni con asado gratis pero por el resto está de la gran puta. Igual no estoy enojado contigo porque lo bajé de Taringa… son unos capos.

En ese momento lo iba a palmear en la espalda con las manos sucias, él no iba a hacer nada porque iba a tener un temita entre manos.

Fueron unos cortos 15 minutos de reencuentro en tierras uruguayas, había que abordar de vuelta. Esa escala era para abaratar los costos. Al final, intentar agarrar un concierto en Uruguay se hizo más difícil que No te va a Gustar me guste.

La capital porteña nos recibía con las manos abiertas. Un colombiano rebotó por la VISA y armó kilombo en Migraciones: no hubo muertos. No pegué un ojo en todo el camino, la ansiedad del concierto podía más que el poco sueño que tuve toda la semana.

Si bien ya conocía Buenos Aires, está era la primera vez que venía con ganas. Viajar por trabajo y/o conferencias no es lo mismo que venirte a pasear con tiempo y sin responsabilidades que atender.

El concierto fue 9.95 puntos de 10: no falto ningún solo tema y todo sonaba perfecto pero me dejó la sensación de que “algo faltó”. No me pregunten que porque no tengo idea, obviamente no esperaba que Julian Casablancas saque una Libertadores para Cerro de su campera de cuero pero me quedó esa sensación de satisfacción pero no de gozo. Capaz mis expectativas son el problema, no sé. Prefiero no pensar.

Bueno, después de cinco días enteros baireando (con b larga, vairean con v corta es lo que hacen los aspirantes en el casting de Yingo) les puedo decir así que:

– Es notable lo barato que te cuesta movilizarte en taxi, es lógico: tienen que competir con el subte (1.10) y con los buses (0.90) Baratísimo. Los buses están más esterilizados y cuidados que las salas de maternidad del Migonne. Limpios, frenan todo, los choferes no rematan lo cornudo que son por vos, no paran cada media cuadra, la gente forma fila para subir. Son cosas para imitar.

– Es imposible perderse, los números se respetan: de una lado los pares, del otro los impares. De un lado aumentan, del otro disminuyen. Es más fácil hervir un pancho que perderse en Buenos Aires. Continuar leyendo…

Mis viejos son del viejazo

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El otro día tuve esta breve pero contundente conversación con la mujer de mi vida, es decir mi señora madre ¿o que se pensaban?

– ¿Mamá, llegó lo que pedí a casa? (guitarra y amplificador)
– ¿Por qué lo que gastas tu plata al pedo?
– No es al pedo má, a partir de ahora voy a vivir del arte
– Tum.. tum… tum… (me cortó el teléfono).

De un tiempo a esta parte me doy cuenta de que mis viejos son del viejazo, tampoco es que me acabé de dar cuenta. Siempre tuve presente los síntomas:

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En La Factory

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Esto no es primicia, ni exclusivo, capaz y todos los sepan. Yo igual nomas les cuento a modo de novedad y para que lo tengan presente: este es el tercer mes que estoy de columnista en La Factory y ahora ya me dejaron ponerle el nombre y todo a mi columna.

Después de mucho pensar, quedó finalmente bautizada como “Cortamambo”, porque la revista viene bien hasta que llegas a mi columna, no mentira. A decir verdad es un tributo al Cuarteto de Nos y a todo aquello que nos corta la inspiración en esos momentos que parecen dibujados. Y es que esos momentos cortados son los mas lindos, por lo menos en mi memoria tengo varios pero ese es otro tema y será tocado en otra ocasión.

En fin, los invito a leerme también allí. Hace rato tenia la idea de escribir en un medio escrito y sin darme cuenta ya pasaron tres meses de ello.  Ajeno a que yo escriba en ella, recomiendo la revista, ya verán porque.

La revista la pueden leer online en su blog o comprarla en todos lados, lo importante es apoyarla. Es cultura.