Los Simpsons pixelados

Y así. Cuando se mezclan cosas que nos gustan mucho, sale una nueva que nos gusta un poco más.

Excelente trabajo de Paul Robertson e Ivan Dixon para esta impresionante versión en 8 bits de la famosa entrada de la serie animada que tanto nos gusta. No dejaron ningún detalle sin atención, incluso toda la música fue remezclada para que cuadrara perfectamente con la animación.

No recuerdo una intro con pixel art, así que capaz la veamos próximamente. O no…

Recopilación: Los jingles intendentables

Hoy Alfredo Jaeggli está en boca de todos por la presentación del jingle ¨Ja ja Jaeggli” que fue proyectado el día del lanzamiento de su candidatura en el Partido Liberal. Cuestionable o no, abre la pedorra posibilidad de que recordar todos juntos como hermanos, la serie de genialidades de jingles que hemos visto en años pasado. Disfrutenlo y reflexionen mientras pisan algún bache o esquivan obstáculos en las bellas veredas asuncenas. Continuar leyendo…

35 golpes que te da el tiempo

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Siempre me llamó la atención el tiempo como tal: su definición, peso, valor y aunque nos pongamos a discutir sobre él, no haríamos más que perderlo a cántaros. El tiempo es universal y nos llega a todos por inercia. A veces para bien, otras para mal pero lo único seguro es que llega. Siempre.

Hay poca gente afortunada a la que le quedan bien los años, las canas, las arrugas y todo lo que esto conlleva. Por otro lado, también están los que llevan de forma deprimente el “menos pelo y más panza” y pretenden ser jóvenes siempre. Errados. No hay nada que se puede hacer al respecto, bueno, casi nada.

Existe una frase, bastante popular y muy certera, a la vez que reza “la edad es una cuestión de actitud”. Muchas veces nos sentimos como niñitos de nueve, ancianos de ochenta, o simplemente nosotros mismos.

Actitud, de eso se trata. Si lo descubrió al expermentarlo un tipo como Fito Páez, que solía ser un genio, también lo podemos hacer nosotros. Entonces, la cuestión pasa por alarmarnos ante algunas señales de que el tiempo nos está cagando a golpes y hacer algo al respecto.

Esto se da cuando, involuntariamente, los siguientes comportamientos se vuelven normales: Continuar leyendo…

Los casamientos no mienten

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“Y fueron felices para siempre…” es un lindo final para una historia. Pero es un final demasiado optimista, todos sabemos que es imposible estar bien todo el tiempo. Es clínicamente imposible, estar bien siempre es síntoma de otra enfermedad (esto no fue consultado con un especialista).

En fin, como estamos sumergidos en pleno febrero, un mes corto y caracterizado por las altas dosis de cursilería, corazones y angelitos desnudos con flechas en el aire, asumimos que todas las relaciones de nuestro alrededor, en el mejor de los casos, terminan en un comienzo: es decir, un casamiento.

Y una boda es como un ecosistema, donde varios seres vivos tan diferentes comparten un espacio que hace que sucedan un montón de cosas que servirán de anécdotas para esta pareja, o para los amigos o abogados si es que la relación fracasa. Nadie es perfecto, todo puede pasar.

Lo que sí, hay personajes que nunca pueden faltar ya que sin ellos un casamiento no sería el mismo.

La llorona: un espécimen importante, casi imprescindible, que jamás de los jamases podría faltar en un casamiento. Se los puede llegar a ver en grandes manadas pero siempre, siempre hay una que destaca del resto. Sería la llorona alfa, aunque en estos tiempos modernos, los he visto de ambos sexos.

Es muy difícil deducir si  es que lloran de alegría, tristeza o envidia porque la que se casan no son ellas. O capaz lloran así porque vieron el extracto de sus tarjetas en la banca online. Nunca se sabe. Pero sea cual fuera el motivo, lo hacen en una abundancia pocas veces vista en la historia de la humanidad. Si sus lágrimas fueran semillas de guacamole, podrían acabar con el hambre mundial.

Es inútil ofrecerles un pañuelo sin recibir una mirada de odio y desprecio. El maquillaje corrido, las ojeras y los mocos parecen ser heridas de guerra dignas de ser mostradas al mundo con orgullo. ¡Bien por ellas! Sigan así.

El hostil: casi siempre un anciano o anciana de muy avanzada edad. No es redundancia, casi siempre es un viejo chot… Esta persona está expectante, mirando para todos lados, en todo momento. Está presto, encendido y sediento de una batalla. Si o si tiene que armar kilombo por algo, no importa porqué, o mínimamente discutir con alguien y nunca, absolutamente nunca sería capaz de admitir un error. Siempre gana. Continuar leyendo…

Mal de Barquinsón

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El mal de Barquinsón (MB), también denominado popularmente “No hay poronga que le calce”, “infumabilidad crónica” o simplemente “ni yo me aguanto” es un trastorno físico, mental y espiritual que se da debido a la situación del aspecto personal, amoroso, laboral y/o una combinación de todos estos juntos en un determinado individuo.

Esta enfermedad, a pesar de no figurar en las portadas de los medios de comunicación más importantes del mundo y ni siquiera contar con una entrada en la Wikipedia, existe. Se hace sentir en cada hogar, oficina, facultad o donde quiera que haya una persona cuestionándose más de la cuenta toda su existencia, actuar y razón de ser.

El Mal de Barquinsón, que todavía no fue catalogado como una enfermedad a pesar de estar entre nosotros desde la prehistoria (hay registros de que fue la verdadera causa de la extinción de los dinosaurios), tiene su auge máximo en estas fechas de fiestas, aguinaldo y reflexión.

No hace falta ningún tipo de especialista para diagnosticarla, es de muy fácil detección ya que normalmente desencadena alteraciones muy evidentes en la conducta del contagiado. Continuar leyendo…

Maltrato voluntario

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Alguna vez se me pasó por la cabeza estudiar psicología. Sinceramente me da mucha curiosidad comprender cómo funcionamos los seres humanos, somos una especie muy singular. Es por lo menos curioso.

Sabemos exactamente cuáles son las cosas que nos hacen mal, que nos incomodan y las que no podemos tolerar pero, sin embargo, siempre terminamos yendo hacia allí. Vamos directamente a ellas, esquivando cualquier tipo de obstáculo para, una vez más, sentir rabia hacia el mundo y hacia nosotros mismos.

Es real. Me pasa a mí, te pasa a vos y, estoy seguro, que le pasa a tu vieja, a tu jefe, a tu amor platónico y al chico zurdo, estudiante de filosofía: Nos automaltratamos.

Sin darnos cuenta, nos encanta hacerlo y lo hacemos seguido. “Sarna con gusto, no pica” dirían las viejas mientras toman el té. Tomar té es de viejas, pero no viene al caso.

Sufrimos porque nos gusta sufrir, nos enojamos porque nos encanta, peleamos como hobbie y agredimos porque la violencia está en nuestra sangre. En algún momento de la evolución las personas se automutilaban por placer, hoy lo siguen haciendo aunque de otras maneras.

Los tiempos cambiaron pero esas ganas de automaltratarse siguen intactas, así como la habilidad de tropezarse con la misma piedra un millón de veces, de autoboicotearse porqué el “está todo súper bien” implica que en cualquier momento se viene todo para abajo. Hay gente así, es más, todos somos un poco así en algún momento.

Inocentadas que hacemos para automaltratarnos voluntariamente:

Levantarse tarde y no saber si almorzar o merendar. Sufrimos alrededor de una hora pensando: ¿el plato frío de ñoquis con salsa boloñesa o la taza de café negro? ¿Por qué? Comé hermano, está todo allí. Dejá de quemarte la cabeza, es comida.

Tirar el hilito que sale de tu remera. Sabés exactamente en qué va a terminar y sin embargo te sorprende, y termina en un lamento auto ofensivo. ¿Qué más puede pasar al estirar un hilito? No va a aparecer un duende con una olla llena de oro.

Encontrarse con algún conocido en el súper, bus, calle, banco, Social Media Day (que estuvo muy bueno este año), saludarlo y despedirte al instante diciéndole “¿Siempre pio tenés tu mismo número? Te voy a escribir para hacer algo o jugar fútbol  Hablamos”. Mentira. Ni tenés su número, ni le vas a escribir. ¿Por qué nos engañamos? ¿Con qué necesidad engañamos a los demás?

Grabarte hablando y escuchar tu voz. A tus oídos tu voz será siempre una bosta, a nadie le gusta su voz. ¿O acaso alguna vez escuchaste decir a alguien “Lo que más me gusta de mí, es mi voz”? No, nunca pasó en la historia. Ni pasará.

Mirar la foto de tu cédula y ver todos tus defectos. Ni nadie sale bien en su cédula, ni todos ven lo que vos. Te mirás al espejo de toda la vida. Hay cosas que pueden cansarte y capaz para otra gente sea una cualidad. Sobre gustos hay mucho escrito, pero no nos gusta leer. Ni siquiera admitir.

Sentarse en la mesa que está al lado de la barra del boliche. Sabés bien que la gente va a pasar en medio ¿qué haces? ¿Por qué te ofendés si alguien te pisó la cartera? Si es que te sentás en medio de Aviadores y San Martín te va a pasar lo mismo. Querete, no te estreses y salí del camino. Si te vas a amargar por eso, te cagás la noche por voluntad propia.

Intentar cantar una canción que no conocés. No importa si la gente no se da cuenta, vos sabés que no sabés y te sentís como un gil, o al menos deberías. Disfrutá de la música, no hace falta cantarla. Dejá de frustrarte, dale tiempo y te la vas a saber toda.

Tener un millón de contraseñas, todas con mayúsculas, minúsculas y algún que otro carácter especial para todas tus cuentas en redes sociales. Pobre espécimen. ¿Sabés que los teclados cambian y cambian en los distintos dispositivos? Respetate, amate más.

Tocarse un grano. El resultado es alrededor de 1024,7 veces peor y, sin embargo, lo hacés. Querías estar más presentable esta noche pero te hiciste un hermano siamés con tus dedos. Un garrón. Por lo menos no te vas a quedar solo en casa, le tenes a “Pusito” con vos y van a ser de esos amigos que van al baño juntos. Brillante.

Gastarse el sueldo en la semana de haber cobrado. Salvo sea para comprarte una máquina del tiempo, la vas a pasar man. Sabés que si. Ya te pasó un montón de veces ¿por qué no aprendés?

Y así: Creer en el horóscopo. Chupar panza. Tomar cerveza caliente. Leer spoilers. Hablar con tu ex. Mirar tu estado de cuenta. No pagar tu tarjeta. Tener un iPhone 5 a tarjeta. Comprarse un auto chino. Comer asadito en la cancha. Hacer dieta. Plaguearse por la dieta.

Somos nomas luego seres curiosos ¿no? Basta del automaltrato, estresémonos menos y querámonos más. Si no nos queremos nosotros mismos ¿como esperar que alguien realmente nos quiera?

En fin: Dejemos pues de depender de factores externos para estar bien o pasarla bomba. Que todo nazca de adentro y sobre todo, de nosotros mismos. El que está predispuesto a estar bien, tarde o temprano lo logra.