El Choputa

choputa

El choputa es una actitud que se lleva en la piel, en la mente y en toda parte de tu cuerpo. Aunque puede parecer una antítesis, el choputa moja la camiseta y deja todo en cada oportunidad que le toca: no tiene límites. No hay nada que no se pueda hacer o dejar de hacer para aumentar esta condición. Cada día es una oportunidad, cada paso un desafío y cada logro solamente un fugaz capitulo de una historia de nunca abacar.

Todos tenemos un amigo, conocido, vecino, compañero choputa y si te parece que no, es muy probable que seas vos. Es que el choputa es tan pero tan colgado, que siempre es el último en enterarse de todo. Hasta cuando es demasiado obvio, prefiere hacer la vista gorda e ignorar. Total ¿qué lo que tanto?

Hay muchas maneras de identificar a esta raza, tampoco es demasiado complicado porque no está en peligro de extinción. Es más, se multiplican como hongos en el pie de Zeballos (al que los médicos ya ni le toman el pulso porque es un muerto).

Documente algunas características para un futuro cortometraje, que nos ayudarán a identificar (o identificarnos en el peor de los casos) a un choputa en nuestro entorno:

– El choputa anda descalzo siempre que pueda, y si está con calzados es solo y exclusivamente para no ensuciar el piso. Un choputa vestido de etiqueta es un espécimen derrotado, del que conviene mantenerse alejado porque se te quedan pegado toda la noche y te toman la cerveza. Ser choputa también es ser buitre. Aunque tampoco le quitamos meritos, porque es el que hace la vaquita y mueve al resto ¡claro! con el único motivo de no caer pero si no lo hace él ¿Quién lo haría? La viveza no le falta, pero es un escalón a veces necesario.

– Nunca usan ropa blanca, en el mejor de los casos usan colores claros con motas. Motas de salsa de carne, kétchup y cualquier cosa que intente llevarse a la boca. También hay casos no muy comunes, en los que exhiben orgullosos marcas de tierra y barro por intentar practicar algún deporte. Es un gran merito para ellos, no es fácil ser choputa y jugar o intentar jugar al futbol por ejemplo.

– Para esta raza que a veces parece más una infección por lo contagioso, cualquier motivo es excusa para tomar y para ello te suelta frases o sms’s tipo: “Estira un ñoño nde”, “Cumple años el perro de Ña Norma”, “Hoy metí un golazo sera’a vamos pues a chupar”. Obviamente solo se encarga de la invitación, el resto va por tu cuenta o la de los perros, en el mejor de los casos.

– Lo que rescato de esta cultura es que no existen posiciones sociales, para ellos todos cagan de plata y el es pobre. Importa poco que sus padres se paseen en 4×4, el jamás tiene, ni tendrá un guaraní. Si trabajan viven endeudados, si no también.

– Ya que hablamos de cultura, el choputa no estudia. Piensa que con los capítulos de The Big Bang es suficiente, aunque también le sobra tiempo para ver todos los partidos del futbol nacional para poder ir a la bodega y armar intensos debates sobre quién lo que deberías ser convocado por el Tata y quien no, todo en procura de que le inviten una cerveza. Si se trata de alcohol, cualquier sacrificio es válido.

– Normalmente el choputa le daría sin corte a cualquier mamífero de más de un metro que se mueva, pero todos o casi todos viven con el dolor de tener siempre un amor imposible. Una historia frustrada que se clava en el pecho como un dolor de muelas y de la que siempre se acuerdan con lágrimas en los ojos. Siempre hay una verduga, una culpable de que todo les salga mal y de que su ropero huela a baño de cancha. Pero no importa, ya la va a superar cuando sea tiempo.

Si ya identificaste al choputa entre tus amistades o estas pensando que sos vos, bueno, dejá de pensar en este preciso instante. El choputa no te juzgaría, porque como bien decíamos más arriba: ¿Qué lo qué tanto?

Esto salió en La Factory de Enero.
Ilustración de Cojonudo.

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.