Limites, excelencia y esfuerzo

Cuentan viejos filósofos entre los que rescato a mi profesor de Morfología de la universidad que no es tan viejo en realidad (le pongo 45 como máximo) que en la antigua Roma un anciano caminaba por la ciudad y sus alrededores, entonces ve a un hombre trabajando y le pregunta:

¿Que haces hombre? A lo que este responde: Estoy construyendo, apilando ladrillos, uno sobre otros.

El anciano sumergido más en la duda y percibiendo que esa era toda la respuesta siguió su camino, caminando con largos pasos como de costumbre y un poco mas adelante vio a otro hombre construyendo y le volvió a hablar:

¿Hermano que estas haciendo? El hombre dejo su trabajo para contestar: Hago una gran pared, que resistirá fuertes vientos.

A nuestro protagonista le pareció una muy buena respuesta, entonces prosiguió la marcha hasta que suavemente vio a un hombre haciendo exactamente lo mismo, cosa que ya le pareció alguna alucinación porque se bebió unas cuantas copas de vinos con los amigos, en algún boliche de la antigua roma, y como era de esperarse nuevamente pregunto curioso:

¿Qué estas haciendo hermano? A lo que el hombre respondió sin dejar de trabajar: Estoy construyendo un gran estadio que servirá para reunirnos todos los romanos como hermanos que somos, a compartir nuestras artes, problemas y a pasarla bien.

Muchas veces encaramos y vemos la realización de nuestro trabajo de forma que pretendemos que hacemos poco y nos limitamos a hacer únicamente lo que nos piden o lo que nos proponemos cuando con sinceras ganas podemos hacer muchos más. La excelencia no es un límite que no pueda superarse, los límites no existen: depende de nosotros moderarnos.

Los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general. – Cesare Cantú

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.