10 Años Después. ¡El salmon en nuestro río!

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Es difícil ser hijo menor. Serlo, genera expectativas. Es cerrar un círculo humano importante, en quien se deposita la confianza acumulada ante la desdicha de los anteriores o, más arduo aún, seguir la misma ruta… mejorarla, y hacer mérito por cuenta propia.

Paraguay era eso. Era el hermano menor, el más pequeño, escondido, y que llegó casi sin avisar. Era el último hijo de la gira que llevó a Andrés Calamaro a recorrer toda España y Latinoamérica. Y esta vez este hermano menor debía cerrar ese círculo musical importante, luego de países como Argentina, México, Colombia, Ecuador y Perú.

El panorama se complicaba cuando para la fecha se pronosticaba una fuerte tormenta, más sabiendo que días atrás Asunción era arrasada por una gran tormenta que paralizó la ciudad.

Pero llegó el día. 29 de octubre de 2008. “Uno de esos días grises (todo mal)”. Antes del mediodía comenzaban a caer las primeras gotas. La lluvia crecía, algo que empezaba a preocupar a los músicos y organizadores. Pero por esa energía de las miles de personas que esperaban nada menos que una década para ver tocar en vivo a Andrés Calamaro, el tiempo cambió repentinamente. La tarde asuncena se vistió de sol, para luego regalarnos una de esas noches cálidas de las que estamos acostumbrados en este rincón del sur.

No debía pasar otra cosa. El hermano menor, el último en llegar, debía ser parido con total normalidad luego de tanto tiempo de búsqueda. Así debía ser. Y así fue.

La excelente organización de Pirata Bar y Hugo Gaona, y los esfuerzos mancomunados de empresas como Tigo, Brahma y Radio Circo hicieron que todo haya estado previsto.

Andrés Calamaro subía al escenario vestido de rojo, como un gran torero en pleno ruedo. Con astucia, coraje y agallas. Con la frente siempre en alto, media verónica de por medio. Y el calor guaraní no tardó en abrasar esa llama que, tras diez años de espera, incendiaba Rakiura. Mientras el torero, valiente, abrazaba a un pueblo feliz.

Y no faltó nada: reggae, rock & roll, tangos, baladas, ritmos latinos, bolero, funk… Por eso a quien discuta la variedad y calidad compositiva calamarense, lo debería ensuciar el olvido.

El himno de “El Salmón” comenzaba a incendiar ese rito. “Los chicos”, “Carnaval de Brasil” “La Espuma de las Orillas”… esas joyas que nos regaló “La Lengua Popular”, ponían en marcha la noche. Canciones como “Soy Tuyo” derretía a las enamoradas, y la locura tropical de “Tuyo Siempre” y “5 Minutos Más (Minibar)”convirtió el lugar en la mejor pista de baile.

Andrés se mostró feliz por su vuelta al Paraguay, “país de tierra roja en donde crecen bellas flores… y de gente muy culta”. Y ante la sorpresa del coro del público en todo el repertorio, dijo animado: “¡Creo que en Paraguay está el mejor coro del mundo!”.

Definida alguna vez por Bebe Comteponi como ‘la mejor canción de AC’, con “Alta Suciedad” el lugar ya explotaba, y los pogos y locuras seguían desbordando con canciones como “Elvis está vivo” y “El día de la mujer mundial”.

Los recuerdos venían con “Sin Documentos” y “Club 69”. Con “Flaca”, “Loco”, “Te quiero igual” y “Estadio azteca”, el Paraguay entero cantaba de pie.

Un momento inédito fue la versión a capella de “La ranchada de los paraguayos”: breve pero sentida, justa y emotiva.

También sorprendió con una versión de “Inolvidable”, un bolero entrañable, y nos regaló un puñado de tangos, donde destacamos uno de sus mayores logros: escribir una canción, mano a mano, con Mariano Mores (“Jugar con fuego”). Porque, al decir de Mores, Andrés ya no es un rockero: es un músico completo, un gran compositor.

Así corría la noche, con un amplio y variadísimo repertorio.

Otro gran legado de “Honestidad Brutal”, disco doble que pasó a la historia en el rock en español, le dio el gran y final estallido a la noche. Llegaba “Paloma”, ese tema emblemático que, al decir de Olga Castreno, “nunca fue corte de difusión… y sin embargo es el que la gente ha tomado como corte de difusión desde el día que salió el disco” (Elepé, Canal 7, 2008). Una vez más, y en Paraguay, eso quedó demostrado. Esa emoción in crescendo –ya con sabor a despedida– nos decía una cosa: el benjamín de la gira acababa de ser parido. Después de diez años de búsqueda. Después de tanto esperar.

Porque junto a la magia y absoluta entrega musical de Candy Caramelo, Julián Kanevsky, Geny Avelló, Diego García, José “El Niño” Bruno y Tito Dávila, Andrés Calamaro nos dejó sin aliento. Demostrando, a su vez, algo ya incuestionable: que este hombre de rock, tanto en Paraguay como en gran parte de la Tierra, es, sencillamente, pasión de multitudes.

Y así nació y venció valiente el hermano menor de la gira que “La Lengua Popular” los llevó a mil aeropuertos. Pero ahora regresa a casa. A alguna casa. Para encontrar a su princesa. Cargado de aplausos, cariños y recuerdos, para volver a nuevas musas, canciones y sueños.

Desde algún rancho paraguayo, y con calor guaraní, brindamos por este regreso…

¡SALUD!

Por Jorge Coronel

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.