Asunción de mis amores

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Esta es mi columna para La Factory de este mes, se puede leer en la página 56.

Asunción del Paraguay, capital de mis amores, no sé si serán tus naranjos y tus flores pero tengo que admitir que a pesar de tantos, de tantísimos defectos tenés un muy pintoresco encanto que se hace difícil de ignorar. No sé. Capaz sean los barrios que te conforman, todos bastante parecidos en sus ínfimas diferencias y con sus infaltables personajes y lugares.

La verdad que me parece la única capital del mundo en la que pasa esto, también es la única en la que estuve viviendo tanto tiempo, así que me puede partir un rayo si no es así. Hay personajes que no pueden faltar en la capital y si faltan lo más probable es que ya saliste de Asunción sin darte cuenta man, activá nomás ya tu GPS.

En los barrios asuncenos nunca faltan, por ejemplo, el autoservice del coreano. Este lugar lo podés oler cien metros a la redonda por la fragancia nauseabunda que despide: una mezcla espesa de vegetales (se destaca el ajo) y una pequeña dosis de carne en mal estado. Un olor que si bien puede llegar a producir arcadas también transmite seguridad, porque lo que buscás, seguro que lo encontrás. El coreano tiene de todo, siempre cuesta el doble o triple que en otros lugares pero está. Jergas para manejarse dentro: – ¡Caro ese é! (es muy caro). – Llevá ese, dó (te regalo otro porque está vencido) – “Oríchinal” (imitación original) – “No fía hoy, sí tu hermana” (no se fía hoy, si mañana) – “Má moneda ese é” (te falta, no me vaya queré joder) y otros. Lo simpático es que no importa si es japonés, chino o vietnamita. Tampoco el nombre de su negocio, siempre termina siendo “El Coreano”.

Tampoco falta el TV Service del árabe. Lugar en el que las reparaciones siempre te cuestan igual que un equipo nuevo, pero nunca te avisan. Lo peor es que vos llevás las cosas para “que vean nomás” pero ellos ya te reparan y cuando vas a ver qué onda, ya te entregan la factura que nunca suele ser legal, con un membrete del Hezbolá. De terror. Todos usan barba para intimidarte por tu cara de cola de recién nacido pero no, hay que ser valiente y pedir “último precio”. Al final, siempre acceden.

Definitivamente, es infaltable la ferretería pintada de rojo, amarillo y naranja que siempre es atendida por una pareja de viejitos que ven menos que Rubén Darío Da Rosa en las transmisiones en vivo y que para colmo tampoco escuchan muy bien. Después de repetirles tres o cuatro veces que necesitás cinta aisladora te traen un aislador térmico. Pedís una ducha eléctrica y te traen una sierra eléctrica que también te gustaría comprar para solucionar el tema de los vecinos de mierda. Pedís un aerosol y te traen semillas de girasol. ¿Por qué lo que tienen semillas de girasol en una ferretería? Bueno, no importa. Todo mal pero todo bien con ellos, son abuelitos con onda, siempre conviene hacerse amigos de los nietos porque la heladera siempre está bien cargada.

La peluquería. Si un país tiene a los diarios e Internet como fuentes de información, los barrios tienen a las peluquerías. Este lugar lleno de viejas bigotudas es una fuente poco fiable y amarillista de información, pero ¡cómo les gusta a todos! Pepito se dejó de Juanita porque había sido Juanita es hermafrodita. Cosas irrelevantes para muchos que son la razón de vida de otros tantos. Viejas viudas, solteronas o/y tekoreís a la carga, Mayor Vera osapukaí. Wikileaks, CIA y demás, síganla chupando.

La esquina. En todo barrio siempre hay una esquina colmada de pajeros. Uno no sabe a qué se dedican, dónde viven, qué idioma hablan o como habrán llegado al barrio. Lo cierto es que simplemente están ahí SIEMPRE. Desde que te despertás, hasta que llegás borracho de la fiesta. NUNCA se mueven. A veces te entra el misterio: ¿será pio que están clavados? No, siempre se turnan para ir a comprar hielo para el tereré. ¿Fueron traídos por extraterrestres? El que ceba puede ser, es muy cabezón pero el resto no. ¿Son unos pajeros que no tienen nada que hacer? ¡¡¡Síííííííí!!! ¡CORRECTOU! Esta es una especie que suele agarrarse con las viejas de la peluquería, pero en el fondo se llevan bien. Un piropo guarango a veces sirve para levantar el autoestima.

El copetín. No estamos hablando de un barrio si no existe el típico copetín que vende empanadas. A veces muy ricas, otras a medio cocinar y otras añejadas desde año nuevo (del 92). Pero algo es bien cierto: no hay pan duro para el que tiene hambre y todos, absolutamente todos comimos más de una vez en el copetín chobola del barrio. El lugar que también sirve de antro cuando hay fútbol o tercer tiempo. Al pedo ko luego te hacés el delicado.

Claro que hay muchos lugares más: la canchita de tierra donde el partido termina siempre en moquete; La plaza oscura usada por pubertos enamorados; la grada en la que siempre se sienta una vieja; el loco del barrio; el árbol que misteriosamente tiene frutas todo el año. El urinario público; la pared en la que todos se enteran de las declaraciones de amor; la fotocopiadora que nunca tiene para tu vuelto y te da caramelos; el almacén que tiene todas las bebidas pero “natural”, aunque a ellos igual se les aguanta porque nos fían.

En fin: Asunción sos única, gracias por existir.

¿Y en tu barrio, que lugar irrepetible existe?

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.