Época de…

Noviembre es un mes bastante atípico. Es la época en la que te soles dar cuenta de lo que hiciste, no hiciste y/o deberías haber hecho durante todo el año, que una vez más pasó volando. Es el momento en el que si bien todavía no es verano, ya podemos cagarnos de calor y recordar con furia a esa gente que rogaba por el fin del invierno. Gente que coincidentemente también es la que ahora, había sido, odia el calor. Boludos atómicos.

Noviembre es primavera un verano frustrado: mucho calor, pocas vacaciones, exámenes, sobrecarga de trabajo y además época atípica. ¿Por qué?

Bueno, es el momento del año universitario en que te das cuenta que tomaste menos notas que periodista en el concierto de los Gun’s. No tenés nada. Habrá que ponerse esa remera escotada y acercarte al “tragalibros”, no importa que tan buen escote tengas para el siempre va a ser suficiente. Pobre tipo, pero ¡que pajero! Y vos estimada, sos una abusadora pero haces los sacrificios necesarios por llegar bien a los exámenes. Eso habla bien de vos.

Es época de volver al gimnasio. Tuviste exactamente 10 meses para hacerlo, pero no, tenés que volver en noviembre para ponerte a punto. Arranca pue la temporada de Sanber ami. Te hiciste la paja sin parar casi un año y vas a recuperar todo en menos de dos meses ¡claro boludo! Te pasas 30 minutos frente al espejo, 10 minutos entrenando. La gente que va al gym todo el año se refiere a vos como “el pajero”. “No vino el pajero de bermuda floreada hoy”, “Ayer le vi al pajero en musculosa caminando como Terminator en el shopping”, “¿Viste pio la foto sin remera del pajero en su Facebook?”,  “Es un pajero el pajero”. Bueno, así. En noviembre es cuando más “aparatos” hay en el gym, vos sos uno de ellos.

Tiempo de tomar color. Contrario a lo que establece el conocimiento popular, es una práctica “unisex”. Solamente el proceso varía: mientras las hermosas musas que nos van a  deleitar este verano lo hacen en bikini, los hombres lo hacemos por parte: normalmente empezamos con el brazo en el auto y después ya nos olvidamos. Así nace el “bronceado camionero”, nombre errado porque la mayoría de veces se da en los buses o en el auto (en el mejor de los casos). Aunque estaría muy bueno manejar un camión, no todos somos tan afortunados.

Definitivamente es el mes en el que la pulcritud dice: “Japiro, me voy a de vacaciones”. No importa que tanto te cuides, vas a sudar. Ajeno a que tengas un auto chileré con aire acondicionado, vas a sudar. El tiempo que transcurre entre que bajas y llegás al destino final es suficiente para mojarte más que Haedo jugando al fútbol. Sos la cuarta represa en territorio paraguayo, man.

Si navidad tiene olor a flor de coco, noviembre tiene olor a catinga. Por lo menos en los buses. No falta luego nunca el “mi desodorante me abandonó”, es como el hombre baliza: siempre llega en los momentos más difíciles. Bus lleno, bebé llorando, chiquito cantando y catinga entrando perforando tus pulmones. ¡Qué momento más feo!

Hay que adelantarse al resto en el trabajo para pedir vacaciones. Si, ¡tenés que pedirla dos meses antes para asegurar! Prepará una plantilla para enviarla alrededor de 100 veces al jefe para que te haga caso, teniendo cuidado con las palabras claves: “vacaciones”, “pagas”, “salgo”. A veces activan los filtros y todo va a una carpeta denominada “Me chupa un huevo”. Mejor hacerlo en persona y no ser tacaño con la chupada de medias, te conviene. A lo mejor te adelantan el aguinaldo y todo. De vos depende.

Momento crucial para poner la cara más dura que nunca y llenar la solicitud de préstamo para ir a Camboriú a encontrarte con todo el barrio. Seguís pagando apenas el mínimo de tu tarjeta pero después de estas vacaciones, que son “necesarias”, vas a volver rejuvenecido y listo para ser más productivo. Todos usamos esa excusa. Al pedo te engañas a vos mismo, no hace falta ponerse esa molestia. Sos vos, sabes nio que estás mintiendo.

Y así, noviembre es como ese momento en el que se te suelta la zapatilla en plena siesta mientras intentas cruzar Mariscal López. Una cosa medio desagradable, pero que al final es necesaria para poder disfrutar el momento en que llegas al shopping y pones tu pie en el piso frio por el aire acondicionado: sos el dueño del mundo.

Son esos contados segundos antes que venga el guardia y te pide “amablemente” que te vayas.

Ese es noviembre.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.

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