Mal de Barquinsón

El mal de Barquinsón (MB), también denominado popularmente “No hay poronga que le calce”, “infumabilidad crónica” o simplemente “ni yo me aguanto” es un trastorno físico, mental y espiritual que se da debido a la situación del aspecto personal, amoroso, laboral y/o una combinación de todos estos juntos en un determinado individuo.

Esta enfermedad, a pesar de no figurar en las portadas de los medios de comunicación más importantes del mundo y ni siquiera contar con una entrada en la Wikipedia, existe. Se hace sentir en cada hogar, oficina, facultad o donde quiera que haya una persona cuestionándose más de la cuenta toda su existencia, actuar y razón de ser.

El Mal de Barquinsón, que todavía no fue catalogado como una enfermedad a pesar de estar entre nosotros desde la prehistoria (hay registros de que fue la verdadera causa de la extinción de los dinosaurios), tiene su auge máximo en estas fechas de fiestas, aguinaldo y reflexión.

No hace falta ningún tipo de especialista para diagnosticarla, es de muy fácil detección ya que normalmente desencadena alteraciones muy evidentes en la conducta del contagiado.

Los síntomas se notan a simple vista y a una distancia prudente: lo que anteriormente solía ser el espacio facial, ahora es ocupado por un orto arrugado. Además, en las cercanías del infectado, si se presta atención, se escuchan balbuceos y gruñidos que no se tratan nada más y nada menos que de palabrotas hacia todo ser vivo que emane un poco de alegría y optimismo alrededor suyo y, por supuesto, menciones especiales al “victimario de todas sus desgracias” (puede ser un jefe, ex pareja, amigo, padre, profesor, etc.).

Este padecimiento es bastante particular, llegando incluso a afectar con sus síntomas a todo ser vivo en un radio importante de distancia. El sujeto despide un aura maligno, mambo negro, lo que hace que el aire en sus cercanías sea más pesado y denso que de costumbre, complicando funciones esenciales como la respiración de otros mamíferos. Esto, particularmente, hace que no haya nadie a su alrededor porque todos huyen despavoridos por sus vidas, incluso los mosquitos, cuidacoches y otro tipo de plagas.

Nadie quiere estar cerca de un infectado por el Mal de Barquinsón. Algunas personas que la padecieron dicen que la sensación es parecida a no haberse puesto desodorante en una de esas calurosas siestas a bordo de un bus en Asunción.

Esta infección, que está extendida por todo el mundo e inframundo, sigue siendo infravalorada por la Organización Mundial de la Salud. A pesar de ser altamente contagiable, ya que apenas con una interacción es posible su transmisión y afecta tanto al sexo masculino como al femenino.

No conoce de edades ya que existe una versión precoz que se manifiesta en edades inferiores a los quince años a la que se refiere como “está en la edad del pavo”, tampoco diferencia status social. Es una plaga universal.

Síntomas. Lo que parece un mal descanso y pesadez a la hora de levantarse, puede ser tan solo el inicio de esta dura y difícil enfermedad. Cuando anteriormente te levantabas más liviano que una pluma, de repente se te subieron dos participantes de “Cuestión de Peso” encima. La sensación de malestar, que pensás que se irá en unas horas, no hace más que empeorar a cada segundo que pasa.

De repente, empezás a agredir verbalmente al compañero de trabajo con el que siempre hacés chistes sobre fútbol porque aparentemente se desubicó y dijo algo de tu vieja (todo bola), te empieza a molestar de sobremanera el sonido del teclado de tu compañero de banco hasta que llegás al punto de chutarle la MacBook Pro que se compró de su aguinaldo que todavía no cobró, le lanzás una guampa a tu jefe porque anunció que te toca trabajar un sábado y no habrá canasta de navidad para nadie o, simplemente, le pegás una patada voladora al bulldog de tu pareja que siempre fricciona sus partes contra tus piernas.

Y así, esta enfermedad, destruye a su paso amistades de años, camaraderías útiles para tu vida, una carrera profesional presumiblemente exitosa (depende de casa uno) y a la pobre mascota de tu ahora ex pareja. Pero no te sientas mal, civilizaciones enteras y grandes imperios de la historia también han caído a causa del Mal de Barquinsón.

la foto
Sos una estrellita fugaz con rumbo al piso.

Pasada esta fase de explosión de furia, te calmás un poco. Pero, a pesar de cualquier tipo de esfuerzo no lográs encontrarte y sentirte cómodo parece más difícil que llegar a fin de mes o perdonar a Tacuara. Es este el momento en el que te empezás a cuestionar toda decisión pasada, actual o futura.

Claro, como uno es bien duro consigo mismo concluís que tomaste todos los caminos equivocados posibles hasta ahora, por eso estás donde estás y no en el último piso de un rascacielos en Emiratos Arabes.

Sos un fracaso. Percibís que todos piensan igual pero nadie dice nada para no hacerte daño. Lo sabés por cómo te miran de reojo, como te escriben los mails, como te comentan en Facebook. Hasta al bulldog de tu (ex) pareja, con su mirada llena de “caquita de ojo” y desaprobación le parecés una decepción.

Absolutamente todo es un motivo para un arranque de furia descontrolado. El mundo entero es una provocación hacia tu mísera existencia y tus malas decisiones, hasta que volvés a reventar y te das de cara contra una pared. Una vez más.

Medicación: No existe tratamiento comprobado pero el sentido común nos dice que este mal se cura con actitud y autocrítica. Hay que saber a quién pedir las debidas disculpas, a quien mantener enojado y hacer los cambios que creas pertinente. Si hay algo que afecta de más, hay algo que hacer al respecto. O tomarse vacaciones, y verlas como lo que son: una inversión y nunca un gasto.

A veces es muy necesario estar así de mal, para volver a estar realmente bien.

Bueno, alguien tenía que mencionar el otro lado de las fiestas porque siempre gua’u es todo muy lindo, mucha flor de coco, sidra y pan dulce pero la vida no es así.

En fin, desde esta humilde columna libre de nieve (y humo): ¡muchas felicidades!

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.

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