Turista en mi país

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Estos últimos meses pasó un montón.

Luego de un año cargado de satisfacciones personales y laborales, surgió una propuesta que no podía dejar pasar. Es más, no la dejé pasar.

Sin pensarlo demasiado, empaqué mis cosas para ir a aventurarme a México D.F. Una oportunidad así no aparece todos los días y cuando lo hace hay que abrazarla, aprovecharla, sacarle todo lo que se pueda y, sobre todo, disfrutarla mucho.

Si cambiarse de trabajo o de casa cuesta más de la cuenta, imagínense de país y de continente, a un lugar totalmente distinto al que estás acostumbrado y en dónde nadie te conoce. Dónde incluso te das cuenta que ni vos mismo te conocés tanto como pensabas.

Sabía que iba a ser duro, de hecho pedí expresamente que nadie fuera a despedirme al aeropuerto. Será cosa mía pero el drama de una despedida, que si bien nunca es despedida suele mojar caras sin necesidad, es algo que todavía no quiero experimentar.

Fueron largos meses y si bien a veces la distancia acerca a la gente (por más que haya varios países en el medio), es duro estar tan lejos y tan solo mientras le suceden cosas a la gente que más querés en el mundo. Mientras logran, sufren, ríen y lloran vos estás ahí, a un click de distancia pero a miles de kilómetros de un abrazo o una palmada en la espalda.

Me perdí de un montón de cumpleaños, reuniones , festejos y momentos duros en los que me hubiese gustado estar físicamente. Uno se hace sentir como puede y gracias a la tecnología es relativamente fácil pero no es lo mismo, definitivamente no es suficiente. No voy a mentir, fue una temporada dura pero sobreviví y mientras lo hacía aprendí muchas cosas que realmente cambiaron mi perspectiva de varias cosas en un montón de aspectos y no solo en lo laboral:

La familia es TODO. Absolutamente todo y no es negociable. Es lo primero siempre y siento que me tocó la mejor del mundo. No podría estar más orgulloso de mis padres y tampoco de mis hermanos. Aparecí en pleno Día de la Madre de sorpresa en casa y este abrazo con mamá es uno de esos momentos que voy a atesorar para siempre. Va a ser una linda historia para mis hijos, nietos y quien quiera sentarse a escucharme cuando sea viejo.

Los amigos de verdad se cuentan con los dedos y está bien que así sea. Sencillamente hay personas con las que pegás onda, otras con las que “no tanto” y finalmente con las que “ni ahí”. Esto no se puede controlar, es involuntario y prácticamente químico. Hay gente esencial en la vida y están los prescindibles. Lo importante es no descuidar a los primeros y no empecinarse en los segundos. Una muchedumbre está de paso por tu vida, ya te vas a ir enterando quienes. No hay que tomarse nada personal, los tiempos cambian y nos terminan cambiando a todos, a cada uno, de manera distinta.

El mundo está lleno de gente fantástica y por mucho que las noticias nos digan lo contrario: no hay que perder la fe en la humanidad. Me encontré con personas maravillosas a las que, por más que haya convivido y compartido solo unos meses, las voy a llevar en el corazón siempre. Me crucé con desconocidos que se hicieron conocidos y conocidos que se hicieron grandes amigos. Personas con la que compartí una cerveza, una comida, una historia, un par de sueños y me compartieron los suyos. Uno puede estar solo pero sentirse solo ya es cuestión de cada uno, hay familias que te adoptan y hay familias para adoptar.

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Mi familia mexicana. Mis rommies del #102 Colonia Condesa.

Acepté que la autosuficiencia no es suficiente. Me caí como nunca antes lo había hecho y tener a alguien con el poder absoluto de levantarme, incluso a la distancia, fue el alivio más grande que pude haber tenido. La paz es todo y las palabras correctas en el momento justo también. No está mal caerse, lo grave es no querer levantarse.

Y algo que me sorprendió gratamente: Paraguay puede tener una cantidad innumerable de defectos pero quien haya estado afuera por un tiempo sabrá apreciar su encanto. Nos menospreciamos más de la cuenta y me incluyo. No sé si será la gente, los rincones mágicos, el aire o una de las cosas más lindas (a mi parecer): esa sensación de que hay tanto por hacer y que depende solamente de nosotros, de cada uno hacerlas. Concluyendo y para no hacerlo tan extenso, me siento muy contento de estar acá. Creo que, a su especial manera, esta pequeña isla rodeada de tierra es un paraíso. No podemos pretender ser potencia mundial de la noche a la mañana, pero si podemos empezar a caminar hacia delante. Todos juntos.

No les miento, fue difícil tener que irme tan lejos para darme cuenta de esto y de una infinidad de cosas más que ya les voy a ir contando, eventualmente, pero estoy seguro que fue la mejor decisión que podía haber tomado. Créanme, es preferible la sensación de arrepentirse de lo que hiciste en lugar de lo que dejaste de hacer.

Pero no, no me arrepiento de haber ido. Me conocí, me caí bien y hasta me hice amigo de mi mismo. Tal vez sea una gilada atómica lo que estoy escribiendo, pero muchas veces estamos tan encerrados en ir a tantos lugares, en compartir con tanta gente, en caer bien, en el trabajo o en lo que fuere que directamente nos ignoramos y nos ponemos en segundo plano. Esto no debería pasarnos. Hay que ser nomás, si no somos nosotros ¿quien carajo somos?

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Es tan común escuchar a la gente decir “me quería quedar a vivir” cuando vuelven de sus vacaciones en alguna playa del Caribe, Europa o Brasil y nunca las había comprendido hasta el día de hoy.

Fui a aventurarme, a aprender, a incomodarme y pasearme. Creo que hice todas estas cosas intensamente y ya está, luego de sentirme un poco turista en mi país finalmente me quedo.

Me quedo porque había sido la felicidad está donde siempre estuve.

Gabriel Benitez O.

Creativo publicitario, columnista y aspirante a escritor 'algún día'. Adicto al cine, la música, los libros y aunque cueste admitir del internet.