<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Divaguetaz &#187; cuentos</title>
	<atom:link href="http://www.divaguetaz.com/tag/cuentos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.divaguetaz.com</link>
	<description>Ñembo pro</description>
	<lastBuildDate>Mon, 06 Feb 2012 16:52:01 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>Un escobazo en la nuca</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 20 Jun 2010 06:29:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/</guid>
		<description><![CDATA[Yo solía salir como un winner de casa, porque la verdad es que para poder salir de ella había que ser todo uno. Y así por cosas de la vida y una domestica distraída, me pusieron un vaso de libertad enfrente al que no pude decir que no y salí a la calle cargado de actitud, desparramando alegría. Ahí estaba, caminando como si la descubriese por primera vez de nuevo, en ese dejavú tan constante. Iba mirando a la gente que también me miraba extrañada. Tal vez por mi manera de orinar en prácticamente todo lo que había en mi camino, era extraño, no tome nada ¿o tome demasiado? pero creo que ese fue el día que mas orine en mi vida y me sentía tan sano que ni se cruzo por la cabeza que no lo era. Era sano, se sentía bien, era un gran alivio que corría por mis venas y chorreaba en el suelo. Bien por mi. En una de aquellas esquinas pintorescamente tan verdes, me encontré con ella siempre hermosa y radiante, a lado de aquel atorrante, podría haber hecho una escena pero no, esa faceta hoy la deje en casa. Me parece que ni me vieron, me pareció que no los vi. La verdad es que ni me inmute porque tenía mi mente puesta en el camino y el sol puesto en la cara, hasta que me dio la sombra de un pronunciado mango lleno de sorpresas que me invito a descansar y como buen entendedor me acosté pelando panza. Me dormí con la boca abierta, hasta que una señora vino a despertarme, la pobre pensó que estaba muerto y rio aliviada cuando se dio cuenta que no. Si, parezco un muerto cuando duermo, igual me parece mejor parecer un muerto que desear a otros morir con mis ronquidos. A veces pienso que debería ser actor, tal vez otro día. Me pare, y mire tímidamente a la verduga de mi sueño. No había nada que hacer, el ya no iba a volver y esta anciana no tenía la culpa. Bostece y me estire como pude para emprender la vuelta a casa, orgulloso de haber tomado aquel vaso ya vacio. Pase por la misma esquina, no los volví a ver, a ellos, ni a mi. Llegue a casa, me encontré con la domestica esperándome afuera, al verme dijo “nde jaguane vivo que anda, sigapy” y me pego un escobazo que no me esperaba. Yo le moví la cola diciéndole gracias.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Yo solía salir como un winner de casa, porque la verdad es que para poder salir de ella había que ser todo uno. Y así por cosas de la vida y una domestica distraída, me pusieron un vaso de libertad enfrente al que no pude decir que no y salí a la calle cargado de actitud, desparramando alegría.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí estaba, caminando como si la descubriese por primera vez de nuevo, en ese dejavú tan constante. Iba mirando a la gente que también me miraba extrañada. Tal vez por mi manera de orinar en prácticamente todo lo que había en mi camino, era extraño, no tome nada<em> ¿o tome demasiado?</em> pero creo que ese fue el día que mas orine en mi vida y me sentía tan sano que ni se cruzo por la cabeza que no lo era. Era sano, se sentía bien, era un gran alivio que corría por mis venas y chorreaba en el suelo. Bien por mi.</p>
<p style="text-align: justify;">En una de aquellas esquinas pintorescamente tan verdes, me encontré con ella siempre hermosa y radiante, a lado de aquel atorrante, podría haber hecho una escena pero no, esa faceta hoy la deje en casa. Me parece que ni me vieron, me pareció que no los vi. La verdad es que ni me inmute porque tenía mi mente puesta en el camino y el sol puesto en la cara, hasta que me dio la sombra de un pronunciado mango lleno de sorpresas que me invito a descansar y como buen entendedor me acosté pelando panza.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/Arboldemango.jpg"><img class="aligncenter" style="display: inline; border: 0px;" title="Arbol-de-mango" src="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/Arboldemango_thumb.jpg" border="0" alt="Arbol-de-mango" width="496" height="279" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Me dormí con la boca abierta, hasta que una señora vino a despertarme, la pobre pensó que estaba muerto y rio aliviada cuando se dio cuenta que no. Si, parezco un muerto cuando duermo, igual me parece mejor parecer un muerto que desear a otros morir con mis ronquidos. A veces pienso que debería ser actor, tal vez otro día.</p>
<p style="text-align: justify;">Me pare, y mire tímidamente a la verduga de mi sueño. No había nada que hacer, el ya no iba a volver y esta anciana no tenía la culpa. Bostece y me estire como pude para emprender la vuelta a casa, orgulloso de haber tomado aquel vaso ya vacio. Pase por la misma esquina, no los volví a ver, a ellos, ni a mi.</p>
<p>Llegue a casa, me encontré con la domestica esperándome afuera, al verme dijo <em>“nde jaguane vivo que anda, sigapy”</em> y me pego un escobazo que no me esperaba.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Yo le moví la cola diciéndole gracias.</strong></p>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2010%2F06%2Fvida-de-perro%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="Un escobazo en la nuca" data-url="http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2010/06/vida-de-perro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Verdugo Mostaza</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2010/03/verdugo-mostaza/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2010/03/verdugo-mostaza/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Mar 2010 20:24:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>
		<category><![CDATA[veridico]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/?p=1568</guid>
		<description><![CDATA[La rebeldía me encontró muy temprano confundiéndome a su antojo: sin edad para hacerme el pavo y todavía con aquella inocencia típica de la edad, que se negaba a ser desplazada. Esa lucha interna fue posiblemente lo que hizo brotar lo violento en mí, digo broto porque la violencia en la gente es fruto de un proceso que tiene sus raíces y es regada de cosas malas. Nadie nace malo y el momento que se vivía en casa regaba hasta ahogar. En aquella escuelucha con más pinta de casa de barrio que de una institución medianamente seria, me sentía invencible y no porque no había nadie que me pueda hacer frente sino porque pasado un par de rostros por mis puños no había quien se cruce en mi camino. Era consiente que había unos cuantos que si querían me pasaban por encima pero como me tenían miedo ni les habrá pasado por la cabeza hacerlo. Manga de maricones. Tenía solamente un par de reglas que cumplía, coincidentemente eran las que me auto impuse para las peleas: no les dejaba de pegar hasta ver sus miradas mojadas y si corrían no los perseguía, si bien podía alcanzarlos que corran alimentaba mi ego. Algunas veces los corría a medias solamente para echarlos al piso y otras ni lo intentaba a causa de los hermanos mas grandes. El día que surgieron los problemas, fruto de un manchón de sangre en el guardapolvos y una señora gritando a los cuatro vientos frente a  casa Mamá ya no supo que hacer, había colmado todo brote cercano de paciencia en casa, y la paciencia siempre escaseo en ella. Luego de darme una intensa sesión de cables de la cual llevo el recuerdo hasta hoy en las piernas, se le ocurrió, tal vez como ultima opción que lo que me faltaba era una intervención divina y me llevo a ese lugar tan grande y frio, en donde todos asumían ser buenas personas porque iban a “marcar tarjeta” todos los domingos. Fue en la iglesia donde conocí a Diego &#8220;el negro&#8221;, lo llamabamos así porque había otro Diego: “El rubio” con el que si me lleve bastante bien desde el primer día. Diego el negro fue la persona más desagradable, maleducada y prepotente con la que había tratado hasta ese momento. Capaz en ese sentido eramos iguales, por eso no lo podía ver. Creo que a el le pasaba lo mismo conmigo, lo notaba en su mirada. Admito sin culpa que odiaba profundamente ir a iglesia porque aprendí que por mas celestiales que fuesen las paredes siempre había lugar para la hipocresía. Una tarde escuche a dos señoras hablando de la situación de casa y diciendo barbaridades de mi familia, del porque papa no volvió a aparecer y rieron como las malas de los dibujitos. De por si vivía avergonzado y saber que hablaban así de nosotros frente a Él me hacia sentir mucho peor todavía. Cuando crees que no podes estar peor, la vida te trae sorpresas. El día que dije basta e iba a comentarle a mamá lo que escuche apareció en casa Diego El Rubio emocionado y sin aliento, estaba avisando casa por casa que después de la iglesia íbamos a jugar un partido en la canchita que quedaba detrás. Un simple partido de futbol me hizo desistir la idea de dejar de ir. Así de barato fui, así de barato soy. Al salir de la iglesia teníamos alrededor de diez minutos para ir volando a casa, ponernos shorts y la remera de nuestro equipo favorito los que podían. Nos juntábamos a las cinco puntualmente en el medio de la cancha para tomarnos las manos y orar antes de arrancar el futbol. Este ritual lo celebrábamos religiosamente a partir de ese día, todos los sábados después de misa. No hace falta ni mencionar que al poco tiempo aparecieron ciertas rivalidades que no pasaban de inocentadas: quien hacia más goles, el que corría más y otras cuestiones sin importancia. Aquellas jornadas hubiesen sido perfectas sin la presencia del Diego “el Negro”, que era de lo mas tramposo y sucio sobre la faz de la tierra. El negro se creía invencible por ser el más grande, era de lo peor. Tenía problemas con todo y todos a la hora que tendría que pasarla bien. Nunca dije nada porque siempre fue mi compi pero eso cambio el día que Pepe,  el hijo de la almacenera me hizo un penal que quería chutar con todas las fuerzas que me quedaban. Ahí la caradurez del negro dijo presente y se adelanto a chutar el penal que me habían hecho a mi y para el cual había puesto yo la pelota. Para colmo lo erró groseramente. Sin pensar mucho, toda esa fuerza contenida en mis piernas fue a parar en su enorme carrocería, acompañada de varias palabrotas que hasta ese momento no sabía que sabía. Diego cayó al piso de cara y yo me sentí un segundo en la gloria. Mientras todos miraban incrédulos, el negro se levanto y se me vino encima como un tsunami gritando que yo era un “abandonado”, un  “huérfano” y que ni mi mamá me quería, me hirvió la sangre y busque su grotesca cara que logre golpear con una fuerza que no se de donde salió. Diego empezó a sangrar. Nadie intervenía porque lo disfrutaban, veía de reojo un “por fin alguien se atrevió” en las caras de todos. Diego se quedo inmóvil y yo quede mirándolo con demasiada furia como para tener una gota de lastima y terminarla ahí. Le dije con mucha rabia: “Ahí tenes gordo, deja de llorar que es kétchup de la pancheria de tu papá. Gordo panchero que anda”. Grueso error: en ese momento se levanto y se abalanzo contra mi integridad. Fue inútil resistirse, la diferencia de tamaño y experiencia era brutal. El Negro era un camión que me paso por encima. Me hizo bizco a los golpes, me golpeó salvajemente como nunca me habían golpeado en la vida. Me deje caer al piso pensando que los golpes iban a cesar, pero no. Toque un nervio sensible y estaba pagando por ello. Gracias a Dios iba pasando por la canchita Tato, un borrachin  al que raras veces se lo ve consiente y pudo frenarlo. Diego parecía endemoniado y hasta podría sacar espuma por la boca. Tato lo mando a su casa, con un tuque de premio por haberme tumbado de la forma en que lo hizo. Nadie se atrevió a ayudarlo a levantarme, me pare como pude y me retire sin decir nada. Ese fue el día en que me di cuenta que tenia que bajarme de las nubes. Me corrijo: ese fue el día que me bajaron de ellas a los golpes. Diego no volvió a pisar esa iglesia, ni a hablar con nadie como si hubiese desaparecido. Poco después me entere que su mamá lo había mandado al interior a trabajar porque era “muy salvaje” para una vida de ciudad. Es que con los chismes, la realidad se va distorsionando. La gente decía que iba a matarme si Tato no lo frenaba. Aunque eso también podría haber sido verdad. Varios años después iba atravesando el Mercado 4, cuando escuche una voz conocida. Me detuve y mire a un costado, era Diego El Negro bastante crecido en la pancheria de su viejo y que según el nombre ahora le pertenecía. El me vio y me señalo una butaca vacía, sin bacilar demasiado me senté en &#8220;La Pancheria de Diego&#8221;. Era  improbable que me reconozca, no se como el tiempo lo trata a uno pero a mi me cambio bastante, incluido físicamente. Sin decir una palabra y mirándome de reojo, corto el pan puso un pancho medio quemado que es como me gustan y agarro la mostaza. Antes que pueda pararlo con un gesto porque que prefería otro condimento me miro a la cara y me dijo: “No importa, va por la casa. Y kétchup a vos no te sirvo…” El negro me había reconocido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/verdugomostaza.jpg"><img class="aligncenter" style="display: inline; border: 0px;" title="verdugomostaza" src="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/verdugomostaza_thumb.jpg" border="0" alt="verdugomostaza" width="477" height="219" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La rebeldía me encontró muy temprano confundiéndome a su antojo: sin edad para hacerme el pavo y todavía con aquella inocencia típica de la edad, que se negaba a ser desplazada. Esa lucha interna fue posiblemente lo que hizo brotar lo violento en mí, digo broto porque la violencia en la gente es fruto de un proceso que tiene sus raíces y es regada de cosas malas<span id="more-1568"></span>. Nadie nace malo y el momento que se vivía en casa regaba hasta ahogar.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquella <em>escuelucha</em> con más pinta de casa de barrio que de una institución medianamente seria, me sentía invencible y no porque no había nadie que me pueda hacer frente sino porque pasado un par de rostros por mis puños no había quien se cruce en mi camino. Era consiente que había unos cuantos que si querían me pasaban por encima pero como me tenían miedo ni les habrá pasado por la cabeza hacerlo. Manga de maricones.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenía solamente un par de reglas que cumplía, coincidentemente eran las que me auto impuse para las peleas: no les dejaba de pegar hasta ver sus miradas mojadas y si corrían no los perseguía, si bien podía alcanzarlos que corran alimentaba mi ego. Algunas veces los corría a medias solamente para echarlos al piso y otras ni lo intentaba a causa de los hermanos mas grandes.</p>
<p style="text-align: justify;">El día que surgieron los problemas, fruto de un manchón de sangre en el guardapolvos y una señora gritando a los cuatro vientos frente a  casa Mamá ya no supo que hacer, había colmado todo brote cercano de paciencia en casa, y la paciencia siempre escaseo en ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego de darme una intensa sesión de cables de la cual llevo el recuerdo hasta hoy en las piernas, se le ocurrió, tal vez como ultima opción que lo que me faltaba era una intervención divina y me llevo a ese lugar tan grande y frio, en donde todos asumían ser buenas personas porque iban a “marcar tarjeta” todos los domingos.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue en la iglesia donde conocí a Diego &#8220;el negro&#8221;, lo llamabamos así porque había otro Diego: “El rubio” con el que si me lleve bastante bien desde el primer día. Diego el negro fue la persona más desagradable, maleducada y prepotente con la que había tratado hasta ese momento. Capaz en ese sentido eramos iguales, por eso no lo podía ver. Creo que a el le pasaba lo mismo conmigo, lo notaba en su mirada.</p>
<p style="text-align: justify;">Admito sin culpa que odiaba profundamente ir a iglesia porque aprendí que por mas celestiales que fuesen las paredes siempre había lugar para la hipocresía. Una tarde escuche a dos señoras hablando de la situación de casa y diciendo barbaridades de mi familia, del porque papa no volvió a aparecer y rieron como las malas de los dibujitos. De por si vivía avergonzado y saber que hablaban así de nosotros frente a Él me hacia sentir mucho peor todavía. Cuando crees que no podes estar peor, la vida te trae sorpresas.</p>
<p style="text-align: justify;">El día que dije basta e iba a comentarle a mamá lo que escuche apareció en casa Diego El Rubio emocionado y sin aliento, estaba avisando casa por casa que después de la iglesia íbamos a jugar un partido en la canchita que quedaba detrás. Un simple partido de futbol me hizo desistir la idea de dejar de ir. Así de barato fui, así de barato soy.</p>
<p style="text-align: justify;">Al salir de la iglesia teníamos alrededor de diez minutos para ir volando a casa, ponernos shorts y la remera de nuestro equipo favorito los que podían. Nos juntábamos a las cinco puntualmente en el medio de la cancha para tomarnos las manos y orar antes de arrancar el futbol.</p>
<p style="text-align: justify;">Este ritual lo celebrábamos religiosamente a partir de ese día, todos los sábados después de misa. No hace falta ni mencionar que al poco tiempo aparecieron ciertas rivalidades que no pasaban de inocentadas: quien hacia más goles, el que corría más y otras cuestiones sin importancia. Aquellas jornadas hubiesen sido perfectas sin la presencia del Diego “el Negro”, que era de lo mas tramposo y sucio sobre la faz de la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">El negro se creía invencible por ser el más grande, era de lo peor. Tenía problemas con todo y todos a la hora que tendría que pasarla bien. Nunca dije nada porque siempre fue <em>mi compi</em> pero eso cambio el día que Pepe,  el hijo de la almacenera me hizo un penal que quería chutar con todas las fuerzas que me quedaban. Ahí la caradurez del negro dijo presente y se adelanto a chutar el penal que me habían hecho a mi y para el cual había puesto yo la pelota. Para colmo lo erró groseramente.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin pensar mucho, toda esa fuerza contenida en mis piernas fue a parar en su enorme carrocería, acompañada de varias palabrotas que hasta ese momento no sabía que sabía. Diego cayó al piso de cara y yo me sentí un segundo en la gloria. Mientras todos miraban incrédulos, el negro se levanto y se me vino encima como un tsunami gritando que yo era un “abandonado”, un  “huérfano” y que ni mi mamá me quería, me hirvió la sangre y busque su grotesca cara que logre golpear con una fuerza que no se de donde salió. Diego empezó a sangrar. Nadie intervenía porque lo disfrutaban, veía de reojo un “por fin alguien se atrevió” en las caras de todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Diego se quedo inmóvil y yo quede mirándolo con demasiada furia como para tener una gota de lastima y terminarla ahí. Le dije con mucha rabia: “Ahí tenes gordo, deja de llorar que es kétchup de la pancheria de tu papá. Gordo panchero que anda”. Grueso error: en ese momento se levanto y se abalanzo contra mi integridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue inútil resistirse, la diferencia de tamaño y experiencia era brutal. El Negro era un camión que me paso por encima. Me hizo bizco a los golpes, me golpeó salvajemente como nunca me habían golpeado en la vida. Me deje caer al piso pensando que los golpes iban a cesar, pero no. Toque un nervio sensible y estaba pagando por ello.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a Dios iba pasando por la canchita Tato, un borrachin  al que raras veces se lo ve consiente y pudo frenarlo. Diego parecía endemoniado y hasta podría sacar espuma por la boca. Tato lo mando a su casa, con un tuque de premio por haberme tumbado de la forma en que lo hizo. Nadie se atrevió a ayudarlo a levantarme, me pare como pude y me retire sin decir nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese fue el día en que me di cuenta que tenia que bajarme de las nubes. Me corrijo: ese fue el día que me bajaron de ellas a los golpes. Diego no volvió a pisar esa iglesia, ni a hablar con nadie como si hubiese desaparecido. Poco después me entere que su mamá lo había mandado al interior a trabajar porque era “muy salvaje” para una vida de ciudad. Es que con los chismes, la realidad se va distorsionando. La gente decía que iba a matarme si Tato no lo frenaba. Aunque eso también podría haber sido verdad.</p>
<p style="text-align: justify;">Varios años después iba atravesando el Mercado 4, cuando escuche una voz conocida. Me detuve y mire a un costado, era Diego El Negro bastante crecido en la pancheria de su viejo y que según el nombre ahora le pertenecía.</p>
<p style="text-align: justify;">El me vio y me señalo una butaca vacía, sin bacilar demasiado me senté en &#8220;La Pancheria de Diego&#8221;. Era  improbable que me reconozca, no se como el tiempo lo trata a uno pero a mi me cambio bastante, incluido físicamente. Sin decir una palabra y mirándome de reojo, corto el pan puso un pancho medio quemado que es como me gustan y agarro la mostaza.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes que pueda pararlo con un gesto porque que prefería otro condimento me miro a la cara y me dijo: “No importa, va por la casa. Y kétchup a vos no te sirvo…”</p>
<p style="text-align: justify;">El negro me había reconocido.</p>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2010%2F03%2Fverdugo-mostaza%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2010/03/verdugo-mostaza/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="Verdugo Mostaza" data-url="http://www.divaguetaz.com/2010/03/verdugo-mostaza/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2010/03/verdugo-mostaza/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>18</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>T&#237;a Delia</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 04:44:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/</guid>
		<description><![CDATA[Algunas noches se acostaba y dormía como muerta. Otras no pegaba un ojo en toda la noche, yo diferenciaba esos días por la luz que arañaba mi ventana. La locura de Tía Delia aumentaba tanto como los gatos sucios que recogía. En el barrio ya era conocida como “la loca de los gatos“ y a nosotros se referían como “Los Locos Adams”. La casa emanaba ya un olor a lepra y pescados que acuchillaba sin piedad los pulmones de los valientes que osaban pasar por nuestra vereda. No pasó mucho tiempo para que se ponga violenta, voceando a la gente desde su ventana y arrojando sus pocas pertenencias a quién osaba devolverle la mirada o a nosotros cuando la espiábamos para ver sí seguía viva porque cuando se encerraba en su cuarto lo hacia por días, llegando a semanas sin salir un solo paso para comer o tomar agua y de asearse ni hablemos. A mí me daba escalofríos pensar que era como lo vecinos decían: que se comía a sus gatos pero por el olor nauseabundo que provenía de su habitación esa posibilidad me parecía cada vez más probable. Tanto que la curiosidad se metía por mi boca, bajaba por mis entrañas y explotaba en mi pecho estallando e invadiendo todo mi cuerpo. Un día no aguanté más el olor silencioso de la curiosidad y saqué valor de no sé donde para hacer no se qué. Casi por inercia me destape, salte de la cama y fui directo al fondo donde vivía Tía. Abrí la puerta de la habitación convertida en cripta de Tía Delia y ahí estaba ella sentada con el gato más feo que vi en mi vida entre sus piernas, mirándome fijamente como si me estuviese esperando. Me clavo esos ojos pardos que siempre me dieron escalofríos y no pestañeo nunca. El primer pestañeo mío vino acompañado de una lagrima tan grande que tuve que refregarme los ojos, en ese instante ella cayo violentamente al suelo. Yo corrí despavoridamente como si hubiese visto un muerto. Y en cierta medida era eso, vi un muerto pero no lo sabría hasta pocas horas después. El día del entierro me di cuenta que Tía no pudo sola desde el día que Tío desapareció con la criada. Ella cayó a un pozo sin fondo que estaba en medio de un laberinto sin salida. Tuvo varios meses de cordura pero no pudo con esto de la traición que la paso por encima y la destrozo por dentro. Necesitaba ayuda y no logro ayudarse como para conseguirla pero si logro arreglárselas para ser ignorada por todos. Yo escucho como hablan los grandes y por lo que percibí es bastante fácil hablar de las desgracias ajenas y mas aun cuando hay traición de por medio pero sentirla adentro debe ser muy distinto, por lo menos las marcas que tía tenía en sus muñecas me decían eso…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Algunas noches se acostaba y dormía como muerta. Otras no pegaba un ojo en toda la noche, yo diferenciaba esos días por la luz que arañaba mi ventana.</p>
<p><span id="more-1370"></span></p>
<p>La locura de Tía Delia aumentaba tanto como los gatos sucios que recogía. En el barrio ya era conocida como <em>“la loca de los gatos“</em> y a nosotros se referían como <em>“Los Locos Adams”. </em>La casa emanaba ya un olor a lepra y pescados que acuchillaba sin piedad los pulmones de los valientes que osaban pasar por nuestra vereda.</p>
<p>No pasó mucho tiempo para que se ponga violenta, voceando a la gente desde su ventana y arrojando sus pocas pertenencias a quién osaba devolverle la mirada o a nosotros cuando la espiábamos para ver sí seguía viva porque cuando se encerraba en su cuarto lo hacia por días, llegando a semanas sin salir un solo paso para comer o tomar agua y de asearse ni hablemos. A mí me daba escalofríos pensar que era como lo vecinos decían: que se comía a sus gatos pero por el olor nauseabundo que provenía de su habitación esa posibilidad me parecía cada vez más probable.</p>
<p>Tanto que la curiosidad se metía por mi boca, bajaba por mis entrañas y explotaba en mi pecho estallando e invadiendo todo mi cuerpo. Un día no aguanté más el olor silencioso de la curiosidad y saqué valor de no sé donde para hacer no se qué. Casi por inercia me destape, salte de la cama y fui directo al fondo donde vivía Tía.</p>
<p>Abrí la puerta de la habitación convertida en cripta de Tía Delia y ahí estaba ella sentada con el gato más feo que vi en mi vida entre sus piernas, mirándome fijamente como si me estuviese esperando. Me clavo esos ojos pardos que siempre me dieron escalofríos y no pestañeo nunca.</p>
<p>El primer pestañeo mío vino acompañado de una lagrima tan grande que tuve que refregarme los ojos, en ese instante ella cayo violentamente al suelo. Yo corrí despavoridamente como si hubiese visto un muerto. Y en cierta medida era eso, vi un muerto pero no lo sabría hasta pocas horas después.</p>
<p>El día del entierro me di cuenta que Tía no pudo sola desde el día que Tío desapareció con la criada. Ella cayó a un pozo sin fondo que estaba en medio de un laberinto sin salida. Tuvo varios meses de cordura pero no pudo con esto de la traición que la paso por encima y la destrozo por dentro. Necesitaba ayuda y no logro ayudarse como para conseguirla pero si logro arreglárselas para ser ignorada por todos.</p>
<p>Yo escucho como hablan los grandes y por lo que percibí es bastante fácil hablar de las desgracias ajenas y mas aun cuando hay traición de por medio pero sentirla adentro debe ser muy distinto, por lo menos las marcas que tía tenía en sus muñecas me decían eso…</p>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2009%2F11%2Fta-delia%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="T&iacute;a Delia" data-url="http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2009/11/ta-delia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lucho, gordo infeliz (II)</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 02:27:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/</guid>
		<description><![CDATA[Hasta ese día nunca supe que en el sube y baja podía haber tanta magia junta. Ella arriba, ella abajo. Cuando quedaba arriba sometida por la gravedad y mi humildad manifestada en varios rollos demás de cómplice, el paisaje simplemente se volvía perfecto. El sol se escondía detrás de ella como cohibido ante tanta hermosura junta y el viento la acariciaba levantando su pelo lacio que ondeaba como una bandera de algún país de ensueño. Yo no podía dejar de mirarla embobado. Por mas que el sube y baja es un juego de a dos que por principios básicos de la física requiere cierta distancia yo por dentro me sentía bien cerca, abrazándola con mi cara pegada a la suya sintiendo su piel de porcelana y viéndome reflejado en su mirada tan clara como los últimos rayos del sol de aquella tarde. Que linda se veía, que felices estábamos y que momento que deseaba que no terminase nunca (…) ¡Dale! ¿Que pasa? ¡Heyyy! ¡Ya no es simpático!. Me despertó abruptamente del sueño que tenia despierto. Claudita estaba arriba, seguro ya bastante mareada y yo me puse tan rojo como una botella de ketchup. No podía creer que me quede tanto tiempo quieto mirándola, soñando con algo que tal vez no iba a pasar nunca. Normalmente cuando hago el ridículo salgo al instante a modo de reflejo con un chiste improvisado que no siempre, por no decir nunca tiene gracia. Salida que mantengo hasta hoy. Y en ese momento con ella mirándome como esperando una respuesta, no se de donde me acorde de Lucho y dije: “Había una vez un niño tan gordo, que cada vez que daba una vuelta era su cumpleaños” Ni yo entendí lo que acababa de salir  de mi boca pero mientras miraba su rostro inexpresivo rogaba al cielo, rezaba a todos los santos, enviaba vibraciones a buda como Nicho Kim me enseño una vez y al mismo tiempo empeñaba mi alma en alguna sucursal cercana del infierno. Todo por una sonrisa de Claudita y no pasaba nada, solamente me observaba. Los segundos jamás habían sido tan largos como en ese instante. Finalmente por gracia de Dios, o de algún santo o de buda, ya ni importaba. Ella empezó a reír a carcajadas y yo sabia muy bien que no fue por el chiste sino por mi expresión de pánico. Es que con los chistes lo de menos es el contenido simplemente hay que saber contarlos o en su defecto simplemente ponerle ganas. La narración es un arte. De eso me di cuenta años después. Claudita reía a los cuatro vientos, yo la seguía mirando hipnotizado como queriendo soñar de vuelta pero con tanta carcajada invadiendo el aire se me hizo imposible. De repente abalanzó su cuerpo hacia atrás y cayo de espaldas al suelo. Mire a otro lado haciéndome el desentendido para darle tiempo que se levante y haga de cuenta que no paso nada para evitar avergonzarla pero no se levantaba. Cayo como una bolsa de papas y quedo inmóvil exactamente como la misma bolsa de papas. Al acercarme no podía disimular la preocupación que me invadió en un instante, con una gota de sudor frio recorrió toda mi frente y cayo sobre mis piernas que temblaban despavoridas. Reaccione. La levante en mis brazos y no pudo disimular una sonrisa entonces abrió sus ojos. Mala broma, buena broma no me importaba: La tenia ahí, con mis brazos rodeándola y su cara que me decía que le gustaba que la rodee. De tan cerca no era como la imaginaba, era muchísimo mas linda. Era un sueño despierto y si yo era un dibujito en ese momento me derretía pero echarla de vuelta era un lujo que no podía pegarme. Me agarro el mentón y se empezó a acercar, la podía oler incrédulo. No podía creer que finalmente iba a pasar después de tantas madrugadas conversándole a mi insomnio de ella, de tantos recreos mirándola a lo lejos con el pánico sobre el hombro, luego de tantos goles dedicados en secreto. Todos esos momentos que hice el ridículo o quede como bobo iban a naufragar por fin y a hundirse en un pozo sin fondo. Cuando por fin pude sentir sus labios rojos, el tiempo se descompuso y cayeron varios rayos cerca. Enseguida empezó a llover como si el cielo estuviese guardándome rencor hace tiempo y caía lo que parecía ser granizo pero que se sentía como tierra. Ese fue el momento en el que desperté, con ese gordo infeliz encima mío masticando unas galletitas con la boca abierta y dejando caer las migas en mi cara. Aparte de molestarme y hacer mas ruido que un bombardero nazi, me arruino mi única oportunidad con Claudita que si bien no era de verdad no me importaba. Total ella tampoco parecía de verdad a veces, era mas bien un sueño hecho realidad. Tengo que confesar que si hubiese tenido las fuerzas necesarias en ese momento, ese iba a ser el ultimo bocado de Lucho… No, no para de continuar todavía]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;" align="justify"><img class="aligncenter" style="border-bottom: 0px; border-left: 0px; display: inline; border-top: 0px; border-right: 0px" title="cookies" src="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/LuchogordoinfelizII_D014/cookies.gif" border="0" alt="cookies" width="476" height="220" /></p>
<p align="justify">Hasta ese día nunca supe que en el sube y baja podía haber tanta magia junta. Ella arriba, ella abajo. Cuando quedaba arriba sometida por la gravedad y mi humildad manifestada en varios rollos demás de cómplice, el paisaje simplemente se volvía perfecto. El sol se escondía detrás de ella como cohibido ante tanta hermosura junta y el viento la acariciaba levantando su pelo lacio que ondeaba como una bandera de algún país de ensueño. Yo no podía dejar de mirarla embobado.</p>
<p><span id="more-1349"></span></p>
<p align="justify">Por mas que el sube y baja es un juego de a dos que por principios básicos de la física requiere cierta distancia yo por dentro me sentía bien cerca, abrazándola con mi cara pegada a la suya sintiendo su piel de porcelana y viéndome reflejado en su mirada tan clara como los últimos rayos del sol de aquella tarde. Que linda se veía, que felices estábamos y que momento que deseaba que no terminase nunca (…)</p>
<p align="justify">¡Dale! ¿Que pasa? ¡Heyyy! ¡Ya no es simpático!. Me despertó abruptamente del sueño que tenia despierto. Claudita estaba arriba, seguro ya bastante mareada y yo me puse tan rojo como una botella de ketchup. No podía creer que me quede tanto tiempo quieto mirándola, soñando con algo que tal vez no iba a pasar nunca.</p>
<p align="justify">Normalmente cuando hago el ridículo salgo al instante a modo de reflejo con un chiste improvisado que no siempre, por no decir nunca tiene gracia. Salida que mantengo hasta hoy. Y en ese momento con ella mirándome como esperando una respuesta, no se de donde me acorde de Lucho y dije: <em>“Había una vez un niño tan gordo, que cada vez que daba una vuelta era su cumpleaños” </em>Ni yo entendí lo que acababa de salir  de mi boca pero mientras miraba su rostro inexpresivo rogaba al cielo, rezaba a todos los santos, enviaba vibraciones a buda como Nicho Kim me enseño una vez y al mismo tiempo empeñaba mi alma en alguna sucursal cercana del infierno. Todo por una sonrisa de Claudita y no pasaba nada, solamente me observaba. Los segundos jamás habían sido tan largos como en ese instante.</p>
<p align="justify">Finalmente por gracia de Dios, o de algún santo o de buda, ya ni importaba. Ella empezó a reír a carcajadas y yo sabia muy bien que no fue por el chiste sino por mi expresión de pánico. Es que con los chistes lo de menos es el contenido simplemente hay que saber contarlos o en su defecto simplemente ponerle ganas. La narración es un arte. De eso me di cuenta años después.</p>
<p align="justify">Claudita reía a los cuatro vientos, yo la seguía mirando hipnotizado como queriendo soñar de vuelta pero con tanta carcajada invadiendo el aire se me hizo imposible. De repente abalanzó su cuerpo hacia atrás y cayo de espaldas al suelo. Mire a otro lado haciéndome el desentendido para darle tiempo que se levante y haga de cuenta que no paso nada para evitar avergonzarla pero no se levantaba. Cayo como una bolsa de papas y quedo inmóvil exactamente como la misma bolsa de papas.</p>
<p align="justify">Al acercarme no podía disimular la preocupación que me invadió en un instante, con una gota de sudor frio recorrió toda mi frente y cayo sobre mis piernas que temblaban despavoridas. Reaccione. La levante en mis brazos y no pudo disimular una sonrisa entonces abrió sus ojos. Mala broma, buena broma no me importaba: La tenia ahí, con mis brazos rodeándola y su cara que me decía que le gustaba que la rodee. De tan cerca no era como la imaginaba, era muchísimo mas linda. Era un sueño despierto y si yo era un dibujito en ese momento me derretía pero echarla de vuelta era un lujo que no podía pegarme.</p>
<p align="justify">Me agarro el mentón y se empezó a acercar, la podía oler incrédulo. No podía creer que finalmente iba a pasar después de tantas madrugadas conversándole a mi insomnio de ella, de tantos recreos mirándola a lo lejos con el pánico sobre el hombro, luego de tantos goles dedicados en secreto. Todos esos momentos que hice el ridículo o quede como bobo iban a naufragar por fin y a hundirse en un pozo sin fondo.</p>
<p align="justify">Cuando por fin pude sentir sus labios rojos, el tiempo se descompuso y cayeron varios rayos cerca. Enseguida empezó a llover como si el cielo estuviese guardándome rencor hace tiempo y caía lo que parecía ser granizo pero que se sentía como tierra.</p>
<p align="justify">Ese fue el momento en el que desperté, con ese gordo infeliz encima mío masticando unas galletitas con la boca abierta y dejando caer las migas en mi cara. Aparte de molestarme y hacer mas ruido que un bombardero nazi, me arruino mi única oportunidad con Claudita que si bien no era de verdad no me importaba. Total ella tampoco parecía de verdad a veces, era mas bien un sueño hecho realidad.</p>
<p align="justify">Tengo que confesar que si hubiese tenido las fuerzas necesarias en ese momento, ese iba a ser el ultimo bocado de Lucho…</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right;">No, no para de continuar todavía</p>
</blockquote>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2009%2F10%2Flucho-gordo-infeliz-ii%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="Lucho, gordo infeliz (II)" data-url="http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz-ii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>18</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lucho, gordo infeliz (I)</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 04:39:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/?p=1331</guid>
		<description><![CDATA[Lucho siempre fue un gordo infeliz, lo único que cambio en él fue su barriga que con el correr de los años duplico su tamaño. Nunca entendí porque la gente dice “correr de los años” los años no corren, te caen encima. Exactamente como lo hace la lluvia, por supuesto hay a quienes les queda bien mojarse y a quienes no. Lucho pertenecía a los segundos, siempre perteneció a los segundos. Si bien sabia hacer de todo, nunca fue el mejor en nada. - Dale anda, no seas maricón. Si recuperas la pelota te compro un sandwich de milanesa dijo un Luchito inocente aun pero que ya dejaba ver en su cuerpo los abusos calóricos. El sabía mi debilidad hacia las milanesas y otras minutas, es mas sabia todas mis debilidades. ¡Callate gordo! le grite y empecé a trepar aquel lapacho amarillo recién florecido de la vereda de Doña Tita, era enorme y de tan amarillo brillaba. Recuerdo que treparlo se sentía como escalar un rayo del mismo sol. Era uno de esos momentos mágicos que se me grabaron para toda la vida. Alcance la pelota “alegórica al mundial” como le decía el gordo, para mi no era mas que una esfera de cuero barato con el dibujo del gallo que tenia algo de Clark Kent pero decía “Francia 98” entonces debía ser alegórica. La tire y en lugar de bajarme para seguir el partidito seguí trepando. No recuerdo porque, simplemente seguía subiendo. Capaz pensé que de verdad se trataba de un rayo de sol, capaz solamente quería mostrar mis dotes primates. No se, subía simplemente por inercia como si algo dentro mío se haya despertado. Abajo todos dejaron de jugar para admirar mi hazaña, todos menos el gordo de Lucho que no acertaba al arco por mas libre que este ¿o si acertó? … no recuerdo. Tampoco recuerdo que hice mal para caer de tan alto y tan mal. Solamente recuerdo el dolor insoportable, las caras borrosas, sirenas y después los sollozos de mi vieja junto a las oraciones de tata. No estaba dormido pero era obvio que tampoco estaba despierto. Escuchaba todo lo que pasaba a mi alrededor pero no podía mover ningún dedo ni abrir los ojos. Eran todos los días iguales: mi vieja llorando, tata rezando, mis hermanastros pidiéndome que no me vaya porque esta vuelta si iban a ser buenos conmigo. Y cada tanto la voz del gordo infeliz de Lucho que me llevaba la tarea como si fuese que podía sentarme a hacerlas.  ¡Que gordo odioso! No contento con eso se sentaba a mi lado a hablarme, me contaba que ahora hablaba con Claudita y que ella estaba preocupada por mi. El sabia como me gustaba Claudita; ella era la cosa mas linda que había visto en mi corta primera década, cuando reía sonaba como una música de los Beatles y tenia unos ojos claros en los que me daban ganas de tirarme a nadar. Pero era demasiado para mi… me resignaba y con mirarla como mongólico me era suficiente. Pero confieso que su preocupación por mi persona alimento todo tipo de esperanzas que el tiempo se encargo de enterrarlas vivas. Lucho me contaba que Claudita de cerca era mucho mas linda de lo que yo decía, que todos los poemas que le había hecho quedarían cortos y que olía todavía mas rica que las medialunas cuando recién salían del horno. En un pausado silencio, casi con la voz temblando me contó que a el también le gustaba. Si estaba despierto juro que le daba una trompada de aquellas al gordo, una que le iba a mover las pocas neuronas que le quedaban y capaz le acomodaba los dientes torcidos que tenia. Tantas maneras de vengarme se me ocurrieron durante el corto silencio de Lucho. Pero tantas ideas se quedaron en silencio cuando me dijo “Pero Claudita es tuya y vos mas que mi amigo, sos mi hermano. Despertate maricón, por favor despertate” Yo no podía creer que el gordo se largue a llorar en mi pecho, por lo visto mi situación era grave y me quede congelado. No me quedaban dudas de que si podía estallar en llanto también lo habría hecho. Pero lo hacia por dentro… lloraba como un recién nacido, esa noche fue la mas larga de mi vida. Mi papá no apareció nunca, no esperaba que lo haga pero como estaba dormido pensé que podía ponerme a soñar ¿y por que no? Que algún sueño se me cumpla. Mamá siempre dijo para que no me decepcione que no espere nada de él, yo siempre me hice del que no me importaba pero la verdad era que cada vez que alguien tocaba el timbre en casa me cruzaba de dedos, de brazos, de piernas y de lo que podía cruzar para que sea él con galletitas o empanadas para merendar conmigo, o que Ramoncito el cartero traiga algún día una carta que lo tenga como remitente. Nunca sucedió pero por algún motivo esa noche pensaba que  cada golpe en la puerta podía ser él. Las probabilidades existen, son muchos números pero al final son siempre las mismas: o es o no es. Y esta vez no fue nunca… Continua (…)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;" align="justify"><img class="aligncenter" style="border-bottom: 0px; border-left: 0px; display: inline; border-top: 0px; border-right: 0px" title="tajy" src="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/Luchogordoinfeliz_C213/tajy_thumb.gif" border="0" alt="tajy" width="470" height="163" /></p>
<p align="justify">Lucho siempre fue un gordo infeliz, lo único que cambio en él fue su barriga que con el correr de los años duplico su tamaño. Nunca entendí porque la gente dice <em>“correr de los años” </em>los años no corren, te caen encima. Exactamente como lo hace la lluvia, por supuesto hay a quienes les queda bien mojarse y a quienes no. Lucho pertenecía a los segundos, siempre perteneció a los segundos. Si bien sabia hacer de todo, nunca fue el mejor en nada.</p>
<p align="justify">
<p align="justify"><span id="more-1331"></span><em>- Dale anda, no seas maricón. Si recuperas la pelota te compro un sandwich de milanesa </em>dijo un Luchito inocente aun pero que ya dejaba ver en su cuerpo los abusos calóricos. El sabía mi debilidad hacia las milanesas y otras minutas, es mas sabia todas mis debilidades. <em>¡Callate gordo!</em> le grite y empecé a trepar aquel lapacho amarillo recién florecido de la vereda de Doña Tita, era enorme y de tan amarillo brillaba. Recuerdo que treparlo se sentía como escalar un rayo del mismo sol. Era uno de esos momentos mágicos que se me grabaron para toda la vida.</p>
<p align="justify">Alcance la pelota <em>“alegórica al mundial”</em> como le decía el gordo, para mi no era mas que una esfera de cuero barato con el dibujo del gallo que tenia algo de <em>Clark Kent</em> pero decía “Francia 98” entonces debía ser alegórica. La tire y en lugar de bajarme para seguir el partidito seguí trepando. No recuerdo porque, simplemente seguía subiendo. Capaz pensé que de verdad se trataba de un rayo de sol, capaz solamente quería mostrar mis dotes primates. No se, subía simplemente por inercia como si algo dentro mío se haya despertado. Abajo todos dejaron de jugar para admirar mi hazaña, todos menos el gordo de Lucho que no acertaba al arco por mas libre que este <em>¿o si acertó?</em> … no recuerdo.</p>
<p align="justify">Tampoco recuerdo que hice mal para caer de tan alto y tan mal. Solamente recuerdo el dolor insoportable, las caras borrosas, sirenas y después los sollozos de mi vieja junto a las oraciones de<em> tata</em>. No estaba dormido pero era obvio que tampoco estaba despierto. Escuchaba todo lo que pasaba a mi alrededor pero no podía mover ningún dedo ni abrir los ojos.</p>
<p align="justify">Eran todos los días iguales: mi vieja llorando, tata rezando, mis hermanastros pidiéndome que no me vaya porque esta vuelta si iban a ser buenos conmigo. Y cada tanto la voz del gordo infeliz de Lucho que me llevaba la tarea como si fuese que podía sentarme a hacerlas.  ¡Que gordo odioso! No contento con eso se sentaba a mi lado a hablarme, me contaba que ahora hablaba con Claudita y que ella estaba preocupada por mi. El sabia como me gustaba Claudita; ella era la cosa mas linda que había visto en mi corta primera década, cuando reía sonaba como una música de los Beatles y tenia unos ojos claros en los que me daban ganas de tirarme a nadar. Pero era demasiado para mi… me resignaba y con mirarla como mongólico me era suficiente. Pero confieso que su preocupación por mi persona alimento todo tipo de esperanzas que el tiempo se encargo de enterrarlas vivas.</p>
<p align="justify">Lucho me contaba que Claudita de cerca era mucho mas linda de lo que yo decía, que todos los poemas que le había hecho quedarían cortos y que olía todavía mas rica que las medialunas cuando recién salían del horno. En un pausado silencio, casi con la voz temblando me contó que a el también le gustaba. Si estaba despierto juro que le daba una trompada de aquellas al gordo, una que le iba a mover las pocas neuronas que le quedaban y capaz le acomodaba los dientes torcidos que tenia.</p>
<p align="justify">Tantas maneras de vengarme se me ocurrieron durante el corto silencio de Lucho. Pero tantas ideas se quedaron en silencio cuando me dijo<em> “Pero Claudita es tuya y vos mas que mi amigo, sos mi hermano. Despertate maricón, por favor despertate” </em>Yo no podía creer que el gordo se largue a llorar en mi pecho, por lo visto mi situación era grave y me quede congelado. No me quedaban dudas de que si podía estallar en llanto también lo habría hecho. Pero lo hacia por dentro… lloraba como un recién nacido, esa noche fue la mas larga de mi vida.</p>
<p align="justify">Mi papá no apareció nunca, no esperaba que lo haga pero como estaba dormido pensé que podía ponerme a soñar <em>¿y por que no?</em> Que algún sueño se me cumpla. Mamá siempre dijo para que no me decepcione que no espere nada de él, yo siempre me hice del que no me importaba pero la verdad era que cada vez que alguien tocaba el timbre en casa me cruzaba de dedos, de brazos, de piernas y de lo que podía cruzar para que sea él con galletitas o empanadas para merendar conmigo, o que<em> Ramoncito</em> el cartero traiga algún día una carta que lo tenga como remitente.</p>
<p align="justify">Nunca sucedió pero por algún motivo esa noche pensaba que  cada golpe en la puerta podía ser él. Las probabilidades existen, son muchos números pero al final son siempre las mismas:<strong> o es o no es.</strong> Y esta vez no fue nunca…</p>
<blockquote>
<p align="right"><em>Continua (…)</em></p>
</blockquote>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2009%2F10%2Flucho-gordo-infeliz%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="Lucho, gordo infeliz (I)" data-url="http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2009/10/lucho-gordo-infeliz/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>21</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Dia de picnic</title>
		<link>http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/</link>
		<comments>http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 03:42:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gabriux</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/</guid>
		<description><![CDATA[- Mira todas esas estrellas, nunca vi un cielo tan hermoso – decía ella tratando de que ese incomodo momento llegase a su fin. - Yo nunca vi una cara más hermosa que la tuya – insistía el. El silencio respondió por ella y él lo entendió. Simplemente se derrumbo por dentro y se levanto por fuera para decir que ya era hora de volver, ella lo miro y empezó a juntar las cosas. Aquel inocente picnic de amigos para ella, declaración de amor para él había llegado a su fin como esa amistad que los unía de toda la vida. Ambos sabían eso, pero ninguno dijo nada. No hace falta mencionar el silencio que envolvió el viaje de vuelta, se podía escuchar hablar a las ranas al costado del camino mientras el pasto se movía. El manejaba casi sin pestañear, no tenía valor para usar el retrovisor que estaba del lado de ella que miraba incomoda su celular, esperando que llegase una llamada que no iba a llegar para aguar ese silencio tan pesado. Llegaron a su casa, el a duras penas desprendió un “Nos vemos” ella solo lo miro y bajo del auto que salió sacando humo de las llantas como si de una carrera se tratase. La preocupación la invadió e intento llamarlo por el celular pero estaba apagado, una gota fría recorrió su frente y cayó al piso. Tuvo un mal presentimiento como nunca antes lo había tenido. Aunque nunca le gusto que los enojos de él siempre fuesen canalizados abusando del velocímetro, simplemente esta vez la sensación era distinta. Prácticamente al instante sonó su teléfono celular y escucho algo que la paralizo, cayó al piso inmóvil. El auto de él había caído del puente, de ese puente donde vieron tantos atardeceres juntos, donde cruzaron tantas veces camino a la escuela, donde tiraron tantas monedas pidiendo tantos deseos que tal vez nunca se cumpliesen, era el puente de ellos. No podía moverse, ni entendía lo que sucedía pero escuchaba gente a su alrededor. Escucho a sus padres, a sus hermanitos y a la nana que lloraban desconsolados. Poco a poco todo se fue silenciando y solo lo escuchaba a él diciéndole lo bello de su rostro, lo linda que se veía allí acostada y como le encandilaba el brillo de su pelo. Allí despertó ante esos ojos verdes y le conto lo que soñó. Le dijo que se dio cuenta cuanto lo amaba y que quería estar colgado de su cuello toda su vida. Él miraba incrédulo y simplemente no dijo nada. El silencio respondió todas las interrogantes de ella que simplemente se derrumbo por dentro y se levanto por fuera para decir que ya era hora de llegar a su casa, él sin dejar de mirarla empezó a juntar las cosas…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><img style="border-right-width: 0px; display: block; float: none; border-top-width: 0px; border-bottom-width: 0px; margin-left: auto; border-left-width: 0px; margin-right: auto" title="comida,food,fruit,fruta,picnic,quilt-c95d25de00114838d01ef41d4b4ed5ea_h" border="0" alt="comida,food,fruit,fruta,picnic,quilt-c95d25de00114838d01ef41d4b4ed5ea_h" src="http://www.divaguetaz.com/wp-content/uploads/Dadepicnic_14A7B/comidafoodfruitfrutapicnicquiltc95d25de00114838d01ef41d4b4ed5ea_h.jpg" width="274" height="326" /></p>
<p align="justify">- Mira todas esas estrellas, nunca vi un cielo tan hermoso – decía ella tratando de que ese incomodo momento llegase a su fin.</p>
<p align="justify">- Yo nunca vi una cara más hermosa que la tuya – insistía el. </p>
<p align="justify">El silencio respondió por ella y él lo entendió. Simplemente se derrumbo por dentro y se levanto por fuera para decir que ya era hora de volver, ella lo miro y empezó a juntar las cosas. Aquel inocente picnic de amigos para ella, declaración de amor para él había llegado a su fin como esa amistad que los unía de toda la vida. Ambos sabían eso, pero ninguno dijo nada. </p>
<p align="justify">No hace falta mencionar el silencio que envolvió el viaje de vuelta, se podía escuchar hablar a las ranas al costado del camino mientras el pasto se movía. El manejaba casi sin pestañear, no tenía valor para usar el retrovisor que estaba del lado de ella que miraba incomoda su celular, esperando que llegase una llamada que no iba a llegar para aguar ese silencio tan pesado.</p>
<p align="justify">Llegaron a su casa, el a duras penas desprendió un <em>“Nos vemos”</em> ella solo lo miro y bajo del auto que salió sacando humo de las llantas como si de una carrera se tratase. La preocupación la invadió e intento llamarlo por el celular pero estaba apagado, una gota fría recorrió su frente y cayó al piso. Tuvo un mal presentimiento como nunca antes lo había tenido. Aunque nunca le gusto que los enojos de él siempre fuesen canalizados abusando del velocímetro, simplemente esta vez la sensación era distinta. </p>
<p align="justify">Prácticamente al instante sonó su teléfono celular y escucho algo que la paralizo, cayó al piso inmóvil. El auto de él había caído del puente, de ese puente donde vieron tantos atardeceres juntos, donde cruzaron tantas veces camino a la escuela, donde tiraron tantas monedas pidiendo tantos deseos que tal vez nunca se cumpliesen, era el puente de ellos. </p>
<p align="justify">No podía moverse, ni entendía lo que sucedía pero escuchaba gente a su alrededor. Escucho a sus padres, a sus hermanitos y a la nana que lloraban desconsolados. Poco a poco todo se fue silenciando y solo lo escuchaba a él diciéndole lo bello de su rostro, lo linda que se veía allí acostada y como le encandilaba el brillo de su pelo.</p>
<p align="justify">Allí despertó ante esos ojos verdes y le conto lo que soñó. Le dijo que se dio cuenta cuanto lo amaba y que quería estar colgado de su cuello toda su vida. Él miraba incrédulo y simplemente no dijo nada. </p>
<p align="justify">El silencio respondió todas las interrogantes de ella que simplemente se derrumbo por dentro y se levanto por fuera para decir que ya era hora de llegar a su casa, él sin dejar de mirarla empezó a juntar las cosas…</p>
<div style="height:33px;" class="really_simple_share robots-nocontent snap_nopreview"><div class="really_simple_share_facebook_like" style="width:110px;">
				<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.divaguetaz.com%2F2009%2F08%2Fda-de-picnic%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;send=false&amp;height=27" 
						scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width:px; height:27px;" allowTransparency="true"></iframe>
				</div><div class="really_simple_share_google1" style="width:90px;">
					<g:plusone size="medium" href="http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/" ></g:plusone>
				</div><div class="really_simple_share_twitter" style="width:110px;">
					<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-count="horizontal" 
						data-text="Dia de picnic" data-url="http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/" 
						data-via="" ></a> 
				</div></div>
		<div style="clear:both;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.divaguetaz.com/2009/08/da-de-picnic/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>23</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

